imaginario 'abertzale'

Historia y mitos de una idea

La ‘ikurriña’ se ha convertido en el más unitario de los símbolos nacionalistas

De izquierda a derecha, Casquete, De Pablo, De la Granja y Mees, ayer en Bilbao. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

¿Qué término define con mayor exactitud el escenario vasco: Euskadi o Euskal Herria? Aunque escrito con zeta, el primero lo inventó el fundador del PNV, Sabino Arana, si bien ha evolucionado con los años hasta ser aceptado por casi el conjunto de la sociedad. Quizá por ese motivo, el entorno abertzale se desmarcó hace un par de décadas y recuperó, como símbolo diferencial, el segundo, que hasta entonces había tenido un matiz más folclórico que político. Esta es solo una de las paradojas que rodean al soberanismo y sus señas de identidad en Euskadi. Las principales se recogen en el Diccionario ilustrado de símbolos del nacionalismo vasco, que ayer se presentó en el paraninfo de la UPV.

Editada por Tecnos, la obra ha tenido como coordinadores a cuatro expertos de la universidad pública en historia contemporánea y movimientos sociales: Santiago de Pablo, José Luis de la Granja, Ludger Mees y Jesús Casquete. Cuenta, además, con entradas elaboradas por otros ocho expertos. Gernika, Lizarra, el Aberri Eguna, los Fueros, la ikurriña, el lauburu, la hoja de roble, el arrano beltza... Así, hasta medio centenar de iconos, entre los que se incluyen personajes, fechas, himnos o lemas. Unos, consolidados e históricos; otros, manipulados; y algunos, hasta “inventados” con el único fin de contribuir a la causa, según los autores.

¿Cuál de todos ellos es el más transversal? “La ikurriña”, coinciden los expertos. Y lo es pese a su historia. Ideada por Sabino Arana y su hermano Luis en 1894, como símbolo para un nacionalismo vasco todavía incipiente, nació con la pretensión de convertirse en bandera de Bizkaia. “De ahí la cruz de San Andrés que simboliza”, explica De la Granja. Con la Guerra Civil, sin embargo, las izquierdas vascas pasaron a aceptarla como enseña institucional para el conjunto de Euskadi. La derecha no lo hizo hasta la Transición. Fue en 1979, con el Estatuto de Gernika, cuando se oficializó. Hoy es uno de los pocos símbolos que comparten las distintas corrientes del nacionalismo y los no nacionalistas, en contraste con lo que ocurre en otras comunidades españolas con una identidad diferenciada, como Galicia o Cataluña.

Algunos iconos han sido manipulados o incluso se han llegado a inventar

Aunque los menos y sin la misma relevancia, otros símbolos del nacionalismo son también aceptados y compartidos por el conjunto de la sociedad vasca. Como la figura del primer lehendakari, José Antonio de Aguirre, que es respetada y asumida por los distintos partidos políticos. O el Agur Jaunak, una melodía popular que se ha interpretado, con el paso de los años, de una forma transversal. Bien para saludar o despedir a dictadores como Franco o Hitler, como a dirigentes de la antigua Herri Batasuna o el Partido Comunista. “Ha sido adoptada desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha”, destaca Casquete.

En el escenario opuesto se sitúan figuras controvertidas como las de Sabino Arana, idolatrada en el PNV pero criticada fuera del partido, o personajes vinculados a la izquierda abertzale y ETA, que incluso generan un rechazo generalizado. A medio camino se sitúa la villa de Gernika, aceptada como símbolo de la paz por toda la sociedad vasca, aunque con distintos matices en función de cada corriente ideológica que recurre a ella como icono.

A lo largo de sus casi 900 páginas, la obra refleja un trabajo de seis años de investigación en el que los historiadores han rastreado numerosos documentos. Buena parte de ellos, facilitados por los archivos de la Fundación Sancho el Sabio y la Fundación Sabino Arana.

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