El Ayuntamiento de Madrid pide cuentas por la juerga de la Copa del Rey

El Gobierno de Ana Botella “inicia un procedimiento” sobre los avales de 100.000 euros depositados por el Athletic y el Barça para la final del día 25

Aficionados del Athletic de Bilbao en la carpa de Madrid Río. / LUIS SEVILLANO

 El Ayuntamiento de Madrid confirmó ayer que “ha iniciado un procedimiento” sobre la fianza de 100.000 euros solicitada al Athletic Club de Bilbao y al Fútbol Club Barcelona para cubrir los posibles costes extraordinarios derivados de la limpieza de las zonas habilitadas por estos equipos para sus seguidores en las horas previas y durante la final de la Copa del Rey, disputada en la capital el 25 de mayo.

 Y hasta ahí ha querido leer. El Gobierno local (Partido Popular) se ha negado a desvelar si este “procedimiento” afecta a los avales de ambos clubes, o únicamente a uno de ellos. El área en el que se desarrolló el evento de los aficionados bilbaínos amaneció notablemente más deteriorada que la de los seguidores catalanes —mucho menos numerosos—, en la que no se pudo seguir el partido por pantallas.

La Concejalía de Medio Ambiente, Movilidad y Seguridad se ha mostrado hermética sobre todos los detalles de este “procedimiento”, avanzado el lunes por la alcaldesa, Ana Botella, en una entrevista concedida al diario El Mundo. Según han manifestado fuentes municipales, las partes interesadas no deben enterarse de estas materias a través de los medios de comunicación.

El Athletic de Bilbao aseguró ayer no haber recibido notificación alguna sobre una posible ejecución total o parcial del aval depositado. La empresa organizadora de la fiesta para los seguidores rojiblancos, Last Tour International (responsable, entre otros, del festival Bilbao BBK Live), remitió al club para cualquier consideración sobre el tema.

El Orgullo también paga

Los organizadores del Orgullo Gay no quieren ni oír hablar de conciertos con auriculares, el subterfugio que les permitió hace un año montar su escenario tradicional en la plaza de Chueca —epicentro sentimental y reivindicativo de la fiesta— sin violar la ordenanza municipal contra el ruido.

Este año, han propuesto al Ayuntamiento mover ese escenario a otro punto de la plaza para respetar la distancia mínima con las residencias de mayores del barrio que prevé la norma. Si logran el visto bueno municipal, allí actuarán, entre otros, Diabéticas Aceleradas. En la calle de Pelayo habrá drag queens; en la plaza del Rey cantará Bebe; en Callao, OBK; y en la plaza de España, Marta Sánchez y Soraya, como colofón al desfile de carrozas.

Cerca de un millón de personas participan en las fiestas, según los organizadores, y suelen dejar el centro de la ciudad sembrado de basura. El Ayuntamiento también exige un aval por la ocupación del espacio público, que ronda los 6.000 euros. Parte de ese dinero se ha ejecutado en años anteriores para cubrir los esfuerzos extraordinarios de limpieza o los desperfectos en el mobiliario urbano, señala Juan Carlos Alonso, de la Asociación de Empresarios Gays y Lesbianas. El Gobierno municipal (PP), en cualquier caso, publicita el Orgullo como uno de los principales eventos turísticos de la ciudad.

El Ayuntamiento cobra una tasa por la utilización privativa o aprovechamiento especial del dominio público. La pagan, por ejemplo, los mercadillos o los eventos promocionales en las calles. También se abona una tasa por prestación de servicios urbanísticos. Sin embargo, la cantidad recaudada es testimonial: el mercadillo navideño de la plaza Mayor reportó 30.000 euros en 2011. En cualquier caso, las autoridades locales requieren un aval a los organizadores por los posibles desperfectos ocasionados.

“Madrid ha amanecido limpia”, informaba el Ayuntamiento a los ciudadanos el sábado 26 de mayo, aunque la realidad era otra: los operarios municipales se afanaron durante toda la jornada en borrar los restos de la juerga de la noche anterior en el parque de Madrid Río. Allí se habían reunido miles de seguidores del Athletic Club de Bilbao, con o sin entrada para ver el partido de la final de la Copa del Rey ante el Fútbol Club Barcelona. La Federación Española de Fútbol repartió 20.000 entradas a cada equipo (de entre 60 y 250 euros), pero desde Bilbao viajaron a la capital cerca de 50.000 aficionados dispuestos a disfrutar de la segunda final en un mes de su equipo (la otra fue la de la Liga Europa, en Bucarest; la perdió 3-0 ante el Atlético de Madrid el 9 de mayo).

Para agasajar a sus seguidores y alimentar la fiesta, los dos clubes montaron sendas zonas lúdicas con escenario, carpas, comidas y refrescos, pantallas gigantes y hasta actuaciones musicales. Pidieron para ello permiso al Ayuntamiento, que los colocó en extremos opuestos del área cercana al estadio Vicente Calderón: los vascos, a la explanada del Rey, en Madrid Río; los catalanes, al Matadero.

El Athletic de Bilbao dispuso un recinto de casi 18.000 metros cuadrados, con una carpa de 3.500 metros cuadrados y un escenario junto al río Manzanares. Tres pantallas gigantes, pintxos y txacoli, y un concierto de la banda punk bilbaína MCD.

La fiesta en el Athletic Hiria (la ciudad del Athletic) empezó a las diez de la mañana, siguió durante el partido para todos aquellos sin entrada, y se extendió después, pese a la derrota (3-0), hasta el amanecer.

Los seguidores del Barça se reunieron en el Centro Cultural Matadero, al otro lado del río. Eran menos, cerca de 20.000, y solo estuvieron allí hasta las ocho de la tarde. Al día siguiente, ese espacio estaba recogido y razonablemente limpio, según fuentes municipales. Sin embargo, el epicentro de las celebraciones bilbaínas era una montaña de desperdicios que tardó aún horas en desaparecer.

Los servicios de limpieza recogieron 13.350 kilos de basura: 8.000 kilos de papel y envases; 2.250 kilos de vidrio en contenedores de reciclaje y 3.100 de porquería en las calles. El Ayuntamiento informó de ello haciendo esta salvedad: “Estos datos corresponde a las zonas próximas al estadio, ya que en las zonas de seguidores del Athletic y del Barca han sido los clubes los responsables de la limpieza”.

El Ayuntamiento de Madrid, regido entonces por Alberto Ruiz-Gallardón (Partido Popular), aprobó en 2009 la Ordenanza de Limpieza de los Espacios Públicos y de Gestión de Residuos, que “establece la responsabilidad de quienes organicen eventos o actos públicos por la suciedad originada por los mismos, debiendo adoptar las medidas necesarias para garantizar que antes, durante y después de dichos actos no se ensucie la vía pública, así como la obligación de constituir una fianza para responder de los gastos extraordinarios de limpieza que puedan derivarse de la celebración de dichos actos”.

La norma establece que “podrá exigirse la constitución de una fianza por el importe previsible de las operaciones extraordinarias de limpieza que deriven de la celebración del acto. Finalizado el mismo y efectuados los trabajos de limpieza y recogida por parte del Ayuntamiento, se procederá a la liquidación de la fianza. Si el importe de los trabajos realizados por los servicios municipales fuera superior a la fianza exigida, la diferencia deberá ser abonada por los organizadores”.

Al Barça y al Athletic, el Ayuntamiento les pidió en esta ocasión una fianza de 100.000 euros, para cuyo cálculo tomó en cuenta la superficie reservada para los aficionados, los costes previsibles de limpieza, y los posibles desperfectos (en un parque son más probables y onerosos que en una calle, por ejemplo), entre otros criterios.

Este procedimiento administrativo se ha usado en los últimos tres años en todos los eventos privados organizados en la vía pública, desde las fiestas del Orgullo Gay hasta las zonas para aficionados durante el Mundial y la Eurocopa de fútbol, o las Jornadas de la Juventud organizadas por la Iglesia católica el pasado mes de agosto.

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