Las víctimas consideran la “amnesia colectiva” el mayor riesgo para el futuro

Un informe desgrana los testimonios de una veintena de amenazados por ETA

Reyes Mate (segundo por la derecha), ayer en la Cámara, donde compareció en la ponencia de paz. A su lado, el socialista Óscar Rodríguez (primero por la derecha); el parlamentario de Ezker Anitza, Mikel Arana, y Aintzane Ezenarro, del grupo de Aralar. / PARLAMENTO VASCO

Las voces de 22 víctimas del terrorismo, en su mayoría personas amenazadas y en tres casos familiares, además, de otras asesinadas, traslucen, en un informe de la Fundación Fernando Buesa y Bakeaz, una inquietud por ver relegados al olvido su sufrimiento y resistencia. El síntoma más significativo lo encuentran en la receptividad social y electoral al discurso y la oferta de la izquierda abertzale desde las coaliciones Bildu y Amaiur. Las dos han recibido un amplio respaldo electoral y han llegado al gobierno de instituciones sin que haya mediado siquiera en sus dirigentes y representantes públicos ni asomo de autocrítica por un pasado, no solo de “legitimación”, sino de “dinamización” de la acción terrorista.

La advertencia la extrae la socióloga Izaskun Sáez de la Fuente, a quien las dos entidades citadas encargaron un estudio sobre la base de las entrevistas a esas 22 víctimas. En su mayoría se realizaron antes de que ETA declarase el pasado 20 de octubre el cese defintivo del terrorismo, pero algunas se hicieron después.

Duras vivencias

  • “Llegó un momento, hacia 2001, en que mi mujer me dijo que no aguantaba más. Dimití y estuvimos dos años sin la plaza porque nadie de la lista quiso ocuparla” (un concejal del PSE).
  • Su hija le dijo: “Patxi [un escolta] me dice que hay que mirar debajo del coche para no pillar a los gatos, pero yo sé que es por si hay una bomba” (Imanol Zubero, fundador de Gesto y exsenador socialista).
  • “Tenían una capacidad de acoso tremenda. Estaban envalentonados, se creían los dueños del pueblo. Ninguno de los representantes de la izquierda abertzale se desmarcó, ni siquiera en privado. Ninguno me mostró su solidariddad ante ninguno de los ataques que sufrí”. (Joxean Rekondo, exalcalde de Hernani)
  • “Somos seis hermanos y alguno la acusó [a su madre] de haber puesto su integridad y nombre en riesgo. Le recriminaban: ‘Esto lo tenías que haber pensado cuando te metiste, porque ahora todos estamos en peligro’. Para mí, es la reacción de cobardía de esta sociedad reflejada en mi familia” (José Manuel Lizarraga, concejal del PP).

Ese apoyo, por el que “el MLNV alcanza cotas electorales que le permitirían incluso luchar por ser la primera fuerza en los próximos comicios autonómicos”, dice Sáez de la Fuente, levanta en las víctimas dos reflexiones que a la vez les suponen sendos motivos de inquietud. La primera es que la izquierda abertzale no esté haciendo una lectura crítica de su pasado”, de esa responsabilidad “histórica” en la prolongación durante décadas de la extensión del terror. La segunda, íntimamente relacionada con la anterior, se centra en lo que se señala como “el mayor riesgo” de futuro: “Que la población, presa de una cierta amnesia colectiva”, haya dado la confianza a las coaliciones Bildu y Amaiur considerándolas en última instancia “auténticas valedoras y fedatarias de la paz”.

De los 22 entrevistados, uno lo explica con especial claridad: “Me preocupa que no rompan [la izquierda abertzale] con su narración política de que todos estos años eran una época que había que pasar y que la situación actual no es una ruptura con lo anterior, sino su continuidad, una nueva fase que viene dada de lo anterior”. Quien así se expresa es el exalcalde de Hernani por EA Joxean Rekondo, para quien resulta “endiablada” la derivada de que la ciudadanía haya votado a Bildu “porque pensaba que votando a Bildu se consigue la paz”. Su partido es hoy socio de la izquierda abertzale en esta coalición. “Lo que se plantea con esta idea es que para mantener la paz es necesaria la fortaleza de la izquierda abertzale. Esto es aceptar una especie de chantaje político”, saca como conclusión, citada por la autora del informe.

Los afectados temen pasar ahora de “perseguidos” a “olvidados”

Entre las ideas que extrae para la reflexión, Sáez de la Fuente resalta que la vida cotidiana de las víctimas de la persecución se ha visto “seriamente alterada en todos los planos” y sus proyectos personales “truncados” en más de un caso. El sentimiento de culpa ha hecho presa en ellas en otros, sobre todo cuando la victimización se traspasa generacionalmente —madre concejal (Charo Dorda) con hijo concejal (José Manuel Lizarraga) que coge su testigo— o padres que caen en la cuenta de que sus hijos han nacido y crecido a la sombra de sus guardaespaldas.

Especialmente dolorosos resultan algunos testimonios, aunque son minoritarios, en los que se añade el choque o hasta la ruptura familiar. Así le ocurrió a Manoli Uranga, quien debió combinar su calvario desde que declaró su militancia en CC OO con los reproches de su hija adolescente, marcada con el insulto de tener una madre “española” La presión “asfixiante del entorno”, explica Sáez de la Fuente. “Hoy valora lo que hago”, respira la madre.

Peor es el caso de un concejal del PP, cuyo nombre no se cita. De sus seis hermanos, dos, mujeres ambas, consideran que es “una deshonra” para su familia. “Con una voy a tener un juicio ahora porque me ha dicho que me va a matar si ETA no lo hace antes. La otra me dijo que ETA me tiene que matar”, reconoce.

Por partida doble resulta dramático el de de Pilar Elías, exconcejal popular y viuda de Ramón Baglietto, miembro de UCD asesinado por ETA en Azkoitia hace 32 años. No solo porque, como ya se conoce, el asesino de su marido fue el niño al que salvó de morir aplastado bajo un camión 18 años antes, sino porque, según acusa y recoge el informe, fue “el propio primo” de su marido, el exdirigente etarra Antxon Etxebeste “quien ordenó su asesinato”.

 

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