educación

Graduado en buscarse la vida

La Universidad de Mondragón exporta a Madrid un título en el que los alumnos gestionan empresas reales desde el primer día de clase

Se diversifican las propuestas académicas para emprendedores

El equipo que supervisa en Madrid el grado universitario. / CLAUDIO ÁLVAREZ

Al final de la comida, cuando parece que todo el pescado está ya vendido, uno de los entrevistados se convierte en entrevistador. “¿Cuál es tu sueño?”, pregunta José María Luzárraga con el café a medio terminar. Así, a bocajarro. Las seis personas que comparten mesa hablan de sueños continuamente. De cómo ponerlos en pie. Se entrenan para eso.

El panorama es ya sabido. España: 5,6 millones de parados y subiendo. Madrid: 632.000 desempleados, según datos del INE, y previsiblemente también en alza. Es una buena etapa para que cada cual se busque la vida por su cuenta, para ser emprendedor, para buscar iniciativas propias. Pero, ¿eso dónde se aprende?

Las seis personas que están sentadas alrededor de la mesa del bar, a pocos metros de su futura sede en la calle Gobernador, 26 (sobre el Hub de Madrid), lo tienen muy claro: “Una empresa es un instrumento de aprendizaje”. La frase es de Félix Lozano, miembro de la cooperativa de educación (www.teamlabs.es) integrada por alumnos de Mondragón y emprendedores externos. El curso que viene pondrán en marcha en Madrid el grado Leinn (Liderazgo Emprendedor e Innovación). Acaban de abrir el cásting para encontrar a 30 alumnos. El modelo que nació en la Universidad de Mondragón al calor de las cooperativas y bebe de la Team Academy, titulación de la universidad pública de Finlandia. La idea es aprender haciendo desde el primer día.

Así, de entrada, el proyecto es atractivo sobre todo para el alumno: No hay profesores, ni exámenes, ni asignaturas al uso. El programa incluye tres viajes internacionales. En primero visitan Finlandia, en segundo Silicon Valley (San Francisco) y el tercer año, un país emergente, como India o China.

El horario lo gestionan los graduandos, que tampoco se consideran estudiantes de manual: “Somos emprendedores en equipo”, dice Ibai Martínez, alumno de Mondragón de 21 años y colaborador en la puesta en marcha del grado madrileño. Los 30 alumnos se dividen en dos grupos de 15. Desde el primer día forman una empresa en la que trabajarán codo con codo los cuatro años del curso. De su evolución dependerá la nota de todos. El aprobado o suspenso es siempre colectivo. Parte de su formación depende del dinero que consigan: los alumnos financian los viajes. La primera promoción de Mondragón, que termina el año que viene, ha facturado 220.000 euros en tres cursos. “Pueden ser mucho más duros que cualquier profesor con el resto del equipo”, explica Luzárraga, impulsor de la iniciativa. Es uno de los coaches (entrenadores) que asesoran a los alumnos en ocho sesiones semanales, casi siempre en inglés, y evalúa sus gestiones y las visitas a clientes. Tienen que leer al menos 20 libros de temática emprendedora al año del listado que ofrece la universidad.

”Esta carrera es un viaje, la experiencia de mi vida”, resume Ibai Martínez. Le da la risa cuando recuerda que su primer proyecto fue una fiesta ibicenca. No resultó muy bien, cuenta. Pero eso no importa. Aquí el gran maestro se llama fracaso. “El 99% del aprendizaje proviene de los errores”, recalca Luzárraga.

La universidad guipuzcoana puso en marcha el grado a demanda de las cooperativas. “Los empresarios nos pidieron un perfil distinto, gente que cuestionara lo existente, con pensamiento global, que entendiera que las oportunidades están fuera”, añade el responsable del grado. Su fórmula da la vuelta al modelo universitario clásico, de espaldas a la empresa durante décadas. De momento, las opciones más osadas están en manos privadas. Cada curso del grado Leinn cuesta 8.100 euros. Sus gestores explican que están buscando becas para que ningún estudiante con aspiraciones y perfil quede fuera por motivos económicos.

“Hasta hace poco, no se estimulaba a emprendedores ni en la Administración, ni en la Universidad, ni en los colegios”, considera Gustavo Lejarriaga, director de la oficina Compluemprende (http://www.ucm.es/info/portalempleo/compluemprende.htm) de la Universidad Complutense de Madrid, que asesora a emprendedores desde 2007. No han contabilizado las empresas creadas pero asegura que tienen más peticiones de las que pueden asumir con dos personas al frente de la oficina. Lejarriaga cree que una iniciativa como la de Mondragón tardará en llegar a la universidad pública española. “Hay que crear un título propio desde cero y eso es complicado con la situación económica actual. Se necesitan recursos, profesores, dinero…”.

“No encontraba mi sitio, ahora lo tengo”. Iskander Alkate, de 24 años, es otro de los que trabajan con los sueños. Alumno en Mondragón, emprendedor en Madrid para la puesta en marcha del grado y también en su tierra. En su tercer año de clase, empieza a ver la luz su idea de llevar productos rurales a la ciudad y dejarlos en una cámara frigorífica donde el usuario (estudiantes o trabajadores, que como él disponen de poco tiempo libre) pueda recogerlo cuando mejor le convenga. Responde muy rápido al ser preguntado sobre cómo se ve en el futuro: “No sé, pero seguro que no en la cola del paro”.

 

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