Bailar sobre arquitectura

We Are Standard, que aprendieron a hacer edificios antes de dedicarse a hacer canciones, abordan la relación entre ambas artes en una ponencia en Casa Decor

Los integrantes de We Are Standard ayer en Casa Decor. / SAMUEL SÁNCHEZ

Una herramienta para intentar abordar un imposible. O “nuestra teoría conspirativa”, como la han bautizado ellos. Un mes después de la presentación de su último disco (Great State) en Madrid, el trío We are Standard ha vuelto a la ciudad. Esta vez, para abordar la relación entre la arquitectura y la música, para contar que una y otra pueden aprovecharse recíprocamente para tratar de entender. Música lejos del escenario, pero omnipresente. Arquitectura como huella de la profesión que eligieron hace años, pero resignificada para aprehender el universo que hoy los rodea.

La cita transcurre en el edificio de la Compañía Asturiana de Minas, que hasta el 24 de junio alberga la edición 2012 de Casa Decor en su 20º aniversario, y forma parte de los talleres organizados por Ford para el lanzamiento de su nuevo modelo, B-Max.

La pantalla proyecta un plano de la Basílica de Santa Sofía. Jon Aguirrezabalaga toma la guitarra. Suenan, tímidos, los primeros acordes. Juan Escribano explica. “El discurrir por el edificio es asimilable al de una canción. Las entradas laterales son comprimidas, luego, el hall distribuidor y, por último, la gran sala”. La comparación más directa queda a cargo del cantante del grupo, Deu Txakartegi. “A medida que avanzas, vas respirando un poco más, hasta que el espacio se convierte en luz, en escala del mundo exterior, en estallido, como el estribillo de un tema”. Habla la guitarra de Aguirrezabalaga. Allí están la introducción (“la entrada al edificio”, acota Txakartegi), la estrofa (el hall previo al espacio mayor) y el estribillo (“el ingreso a la gran nave, donde la luz entra por el edificio y Dios os toca”, se ríe el cantante). Relajación y tensión. Estrechez y amplitud. Espacio y acordes.

Los ejemplos viajan en el tiempo. De fondo el típico edificio hijo de la Bauhaus. Líneas rectas, módulos simétricos, funcionalidad pura. O como lo pone Txakartegi: “Todo orden, repetición, limpieza y proporción”. Suena un tema de Neu! La guitarra repite. El ritmo gira, siempre igual. Lo siguen dos obras de Richard Rogers: el Centro Pompidou y el edificio del Lloyd’s Bank en Londres. “Dos exponentes perfectos de los edificios entendidos como máquinas o robots, como grandes estructuras de acero, casi como licuadoras”, los describe Txakartegi. La banda sonora, claro, música electrónica: Kraftwerk. Pasan pocos segundos. Los acordes maquinales dan paso a Johnny Cash porque la pantalla proyecta la famosa Casa de la Cascada, de Frank Lloyd Wright. La descripción de la fusión entre el vaivén de la música country y la obra del arquitecto estadounidense vuelve a quedar en manos del líder de la banda. “Integración con el entorno, mínima invasión del terreno, sabor a polvo”, enumera.

El minimalismo no podía quedar fuera y aparece de la mano del pabellón de Alemania en la Expo de Barcelona de 1929 de Ludwig van der Rohe. Porque Less is More, se escucha a Nicolas Jaar, que con un bombo, un sintetizador, palmas y la propia voz construye un mundo. El recorrido termina con el deconstructivismo y de la mano de Frank Gehry. Txakartegi habla mientras señala el Museo Guggenheim de Bilbao. “El mundo como algo caótico, el edificio como una serie de accidentes entre espacios que colisionan”, dice mientras busca una canción de Liars en el ordenador. “No os vayáis”, pide. Es que queda un capítulo. Los músicos dejan de ser conferenciantes y comienza el acústico. Suena Summer. Más de uno imagina un edificio. Y se deja llevar.

 

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