san sebastián

El budismo toma la Concha

Varios linajes de la milenaria filosofía se han reunido en San Sebastián para compartir con los ciudadanos enseñanzas para superar la crisis

Lama Germaine García, de la escuela tibetana kagyu (derecha), y el monje del linaje budismo soto zen, Doryu Iñiguez.

El budismo más que una religión es un estilo de vida. Sentados alrededor de una mesa en la Unión Artesana, varios budistas seguidores de diferentes escuelas así lo escenifican compartiendo su visión sobre la milenaria filosofía ajenos al frenético bullicio de la máquina del café. Entre ellos se encuentran lama Germaine García, de la escuela tibetana kagyu, y el monje del linaje budismo soto zen, Doryu Iñiguez, dos de los tres ponentes junto a Basili Llorca de la escuela Gelug, que han participado en las jornadas budistas celebradas este fin de semana en San Sebastián.

Son discípulos de Buda y comparten los mismos fundamentos, lo que se conoce como las cuatro verdades nobles; “la superación del sufrimiento a través de la comprensión y la meditación”, explica lama Germain, aunque cada escuela aporta diferentes lecturas del Dharma, la enseñanza que es transmitida de maestro a discípulo para asegurar la pervivencia de la religión surgida en el nordeste de la India hace unos 2.500 años.

“Estamos expuestos a sufrir más por los cambios que vivimos”

Por primera vez, varios linajes del budismo se han reunido en la capital guipuzcoana organizados por la asociación Mandala con el objetivo de ofrecer a los donostiarras una visión desde el enfoque budista de aspectos que afectan a la vida diaria a través de la escucha, la reflexión y la meditación. “El encuentro ha servido, además, para que diferentes comunidades pongamos en común las distintas inquietudes de cada linaje. El budismo permite una multiplicidad de comprensiones”, comenta el monje donostiarra Doryu Iñiguez. La práctica y la comprensión de cada persona son vitales dentro del budismo, y esta característica es la que hace que se den tantas escuelas, algo difícil de cuantificar cuando se les pregunta por el número de linajes que existen en el mundo.

La práctica y la comprensión de cada persona hace que se den múltiples escuelas

Lama Germaine, que estudió en un colegio de jesuitas en Cataluña y sucumbió con 17 años a la filosofía budista tras escuchar a un monje tibetano en un retiro espiritual del centro donde estudiaba, incide en la importancia del maestro, no como mero transmisor de conocimientos sino alguien que ha practicado y experimentado las enseñanzas, en una religión donde no existen las jerarquías. Durante tres años, tres meses y tres días, esta mujer de habla delicada permaneció en un retiro en Francia junto al carismático lama Gendum Rinpoche, ya fallecido. “Encontré herramientas prácticas para confrontar mis problemas y me dio una nueva dimensión sobre la compasión y la solidaridad”, explica.

Para los budistas, la actual crisis económica y social es un buen momento para dar a conocer las enseñanzas del budismo. “Estamos expuestos a sufrir más por los cambios rápidos que vivimos; perder tu casa, trabajo o un ser querido”, explica Germain. El monje Doryu añade: “Vivimos en egos inflacionados y el ego más fuerte sufre más”.

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