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Una pica en Hollywood

Un grupo de andaluces se instala en Los Ángeles para desarrollar su carrera en el cine

De izquierda a derecha, Tamara Arias, Javier Recio, Julián Lara, Ángeles Reiné, Alexis Morante, José Villalobos, Sergio Abuja y Rocío Mesa, en la Biblioteca Margaret Herrick de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences, AMPAS, cuya torre se inspira en la Giralda de Sevilla.
De izquierda a derecha, Tamara Arias, Javier Recio, Julián Lara, Ángeles Reiné, Alexis Morante, José Villalobos, Sergio Abuja y Rocío Mesa, en la Biblioteca Margaret Herrick de la Academy of Motion Picture Arts and Sciences, AMPAS, cuya torre se inspira en la Giralda de Sevilla.

Casi todos forman parte de la misma generación, pero además de esta coincidencia, tienen en común el que en un determinado momento decidieron hacer la maleta para desarrollar su carrera cinematográfica en la capital mundial de la fábrica de sueños, Los Ángeles.

La realizadora gaditana Ángeles Reiné es la más veterana pero la que menos tiempo lleva en California y la que tiene más claro su regreso. “Mi familia y mi vida están allí”. Tras una dilatada carrera en la publicidad y la televisión ha decidido rodar su primer largometraje, ambientado en el Sáhara, y se ha instalado en Los Ángeles, en busca de financiación. Nada que ver, con lo que le sucedió al granadino Javier Recio, autor del cortometraje La dama y la muerte. La nominación al Oscar no solo le permitió asistir a la gala y a toda la campaña previa sino también recibir una tentadora oferta de Dreamworks para incorporarse como story artist. Llegar con un contrato de trabajo por delante le resolvió por completo el asunto del visado, un tema que, como reconoce la actriz sevillana Tamara Arias, a veces se convierte en tema de conversación favorito cuando se ven. “Sin la visa no podía trabajar, era como un ama de casa”. Por fortuna, pudo resolverlo después de un año, “necesitas un sponsor, en mi caso un representante, y demostrar que eres profesional y que tienes un nivel”. Como asevera Reiné, “tienes que demostrar que tienes talento para quitarle trabajo a un norteamericano”.

Muchos vinieron como estudiantes, es el caso de los sevillanos Sergio Abuja y Merry Colomer, la granadina Rocío Mesa y el algecireño Alexis Morante. Los cuatro obtuvieron una beca Talentia de la Junta de Andalucía que les permitió estudiar cine durante dos años en Norteamérica y obtener al final un visado de un año para realizar prácticas, lo que les facilitó su integración en el mercado laboral. Así, la documentalista Rocío Mesa es la responsable del departamento audiovisual de la International Documentary Association, trabaja en la misma escuela de cine donde estudió, y realiza vídeos sobre autores de cómics, mientras que Merry Colomer está inmersa en la producción de The amazing Spider-man. Alexis Morante ultima un documental sobre la gira que Enrique Bunbury realizó durante dos meses por 25 ciudades de Estados Unidos y Sergio Abuja se dedica a la publicidad, mientras cada uno desarrolla un guión con el que debutar.

Una película de terror es la que quiere dirigir Julián Lara, quien tras llevar al cine varias historias de zombis, decidió venir a Los Ángeles para estudiar cine. Tras acabar, fue contratado en una compañía especializada en cine de terror a la que confía convencer para que produzca su primera película. Como afirma Lara, “este es el sitio ideal para hacer y mantener contactos con directores y productores”. Prueba de ello es su reciente encuentro con Matt Groening, el creador de Los Simpson.

De todos ellos, quien lleva más tiempo en California es el compositor malagueño José Villalobos, que vino hace cinco años como asistente de Alberto Iglesias y para orquestar la banda sonora de Cometas en el cielo, nominada en los Globos de Oro y en los Oscar.

El caso del sevillano Paco Cabezas, autor del largometraje Carne de neón, es bien diferente. Reside en Madrid pero viene con frecuencia a Los Ángeles, donde tiene representante, agencia y asesor. “Puede salirme una película o varias a la vez, en Hollywood nunca se sabe”. Ha preferido no instalarse aquí siguiendo el consejo de Guillermo del Toro de tener siempre un pie en Europa.

Algunos señalan que no es fácil instalarse, como Reiné, “o tienes dinero para pagarte un máster o si llegas como profesional, necesitas unos 3.000-5.000 dólares para tramitar el visado”. Recio conoce “animadores españoles buenísimos, pero no pueden venir”. En cualquier caso, todos valoran que aquí te escuchan aunque hoy no seas nadie, porque mañana, como afirma Julián Lara, puedes serlo. Y es que en Los Ángeles, señala Reiné, “te dejan soñar”.

 

Un sueño hecho realidad

El sevillano Ignacio Darnaude, apasionado del cine, llegó a esta industria por azar. Tras estudiar Derecho, un despacho de abogados le tenía reservada plaza en Madrid, pero el golpe de Estado de Tejero modificó sus planes: “acabé la mili el 23 de febrero de 1981 en Madrid, comí con mi familia cerca de las Cortes y nos fuimos a Sevilla; al llegar nos enteramos de todo. Por culpa del 23-F no me pude licenciar a tiempo y perdí el trabajo en el bufete. Fue lo mejor que me pasó”. Entró a trabajar en un banco y durante unos meses estuvo destinado en Nueva York, donde quiso establecerse. Como no pudo, voló a Los Ángeles antes de volver a España. Al llegar tuvo claro que lo dejaría todo para regresar y estudiar un máster de cine en la Universidad del Sur de California, USC, donde fue “el único no norteamericano”.

Al acabar el máster empezó a trabajar para Disney y de allí pasó a Sony Pictures Releasing International, compañía en la que ejerce como vicepresidente creativo ejecutivo actualmente. Su área de trabajo es el marketing y ahora tiene a su cargo las campañas de The Amazing Spider-Man, Men in black 3 y la nueva versión de Desafío total. Además, es el único profesional en todo Hollywood que simultanea esta labor con un contrato de producción.

No sabe si volverá a España, ya que en Estados Unidos lleva 25 años y tiene doble nacionalidad. Eso sí, le encantaría producir en Andalucía una película sobre la Roldana, con Paz Vega de protagonista. Agradece a su país de adopción, “donde no existen los enchufes ni ser hijo de...”, el no haber sido tratado peor por ser extranjero jamás, aunque echa de menos que en España se trabaja para vivir y no al revés como sucede en Norteamérica.