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Medio kilo de literatura, por favor

El mercado de San Fernando de Lavapiés acoge la primera librería que vende libros al peso

La librería ocupa los antiguos puestos de una casquería y pollería del mercado. Ampliar foto
La librería ocupa los antiguos puestos de una casquería y pollería del mercado.

Trópico de Cáncer, de Henry Miller. De bolsillo. 275 gramos. 2’75 euros. El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. Tapa dura. 500 gramos. Cinco euros. Raquel Olózaga pesa los libros en una báscula digital. Podría hacerlo en el viejo peso para bebés que se encuentra al fondo de la tienda, pero no es tan preciso.

La vida de Raquel ha transcurrido siempre entre los puestos de los mercados de barrio. Se siente cómoda y tranquila. Razones familiares: su abuelo era carnicero y regentaba una tienda donde se vendían vísceras y despojos de res. Hoy, Raquel está más cerca que nunca de esa infancia con su nuevo trabajo. Ella y cinco amigos han abierto una librería de segunda mano a la que han bautizado precisamente como el negocio que tenía su abuelo, La casquería, en el renovado mercado San Fernando de Lavapiés. La novedad es que esta es la única en la que todos los libros se pagan al peso. ¿El precio? 10 euros el kilo. Aquí no se paga el contenido sino el material. Esa es su filosofía.

El establecimiento ocupa una antigua casquería en Lavapiés

El nombre no ha sido elegido por la nostalgia de tiempos pasados sino porque el negocio ocupa una antigua casquería y una antigua pollería, ahora unidas y reconvertidas en un local donde es posible bucear entre títulos de lo más dispares y comprar literatura a un precio asequible. Pero la tienda está lejos de ser lo que este grupo de amigos imaginó en un principio. “Nos gustaba la idea de un establecimiento de libros a la egipcia. Buscar en las montañas desordenadas como si fuésemos ratones de biblioteca. Así es en El Cairo”, relata Raquel rodeada de cajas repletas de obras. Finalmente, la idea del caos se abandonó y el género se dispuso ordenadamente en el mostrador donde tradicionalmente se ponía la carne.

Los volúmenes se venden al peso: 10 euros el kilo. ampliar foto
Los volúmenes se venden al peso: 10 euros el kilo.

“El proyecto surgió del amor que sentimos por los libros de segunda mano. Husmeábamos en las tiendas cuando teníamos tiempo y pensamos que, aunque no era un buen momento para abrir una librería al uso, sí podía serlo abrir algo alternativo. Investigamos y nos dimos cuenta de que en España no existía este tipo de oferta. Fue entonces cuando decidimos embarcarnos en esta aventura”, explica. La apertura de su negocio coincide con el anuncio de las cifras de lectura en España ofrecidas por la Federación del Gremio de Editores y que sitúan a Madrid como la Comunidad que más lee en su tiempo libre (70’2%). Una suerte para ellos.

Lo más duro para los libreros recién estrenados fue encontrar el local. “En Madrid, los alquileres son astronómicos. Por eso el proyecto estuvo estancado durante seis meses. Entonces encontramos éste”, cuenta Raquel. Después de pensarlo mucho se lanzaron a la piscina en un momento en el que el mercado San Fernando, abierto desde la década de los cuarenta, florece de nuevo. La decadencia había caído como un jarro de agua fría y los comerciantes pensaron que no saldrían del agujero. Muchos vendieron, pero los que se quedaron ven ahora que la entrada de manos jóvenes y propuestas frescas pueden salvar el mercado del barrio.

El proyecto puesto en marcha por dos profesores, una periodista, una bióloga, una politóloga y un artesano de cuero se edificó sobre dos pilares: el acceso a la cultura de manera económica y la defensa del reciclaje. Tenían claro que no querían valorar los libros según los porcentajes de venta sino por su soporte material: tinta, papel, tapas. “Lo que no interesa a un lector le puede apasionar a otro. Que sean ellos los que evalúen el contenido”, sostiene Raquel.

En lo alto de una estantería se ve el best seller de Stephanie Meyers, Luna Nueva, y en otra Crimen y Castigo, de Fedor Dovstoieski. “No queremos tener solo obras antiguas sino cualquiera que sea de segunda mano”, explica. Por eso se aplican en la búsqueda de grandes bibliotecas. Aunque, según Raquel, es difícil. “Los libreros profesionales están atentos a los movimientos de los libros”. Internet, el contacto con los particulares, el boca a oreja y las donaciones son sus otras fuentes de compra.

En un principio soñaron con abrir un local caótico con pilas de volúmenes

A la pasión por la lectura se une el deseo de contribuir a la recuperación del mercado de abastos. “Eran el corazón de la vida en los barrios y se han deteriorado hasta rozar la frontera de la extinción”, escriben en su página web. La inauguración de la librería en abril fue, por lo que cuenta Raquel, un éxito. Ofrecieron vino y lengua cocida “en honor a la antigua casquería”. Desde ese día el goteo de clientes ha sido constante. Y el mercado empieza a resurgir.

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