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IANIRE ESTÉBANEZ | Psicóloga experta en violencia de género

“Las chicas no ven la desigualdad hasta que llegan al mercado laboral”

"En chicos y en chicas se escucha con mucha frecuencia la idea de amor romántico"

"Las diferencias entre mujeres y hombres son más sutiles ahora"

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La psicóloga Ianire Estébanez.

En la Red es el simpático dibujo de una chica con gafotas que dice lo que piensa sin remilgos para que las jóvenes tomen conciencia y reflexionen sobre sus relaciones sentimentales con el fin de que estas sean sanas y no se conviertan en el paso previo de la violencia de género. Ianire Estébanez ha participado esta semana en el primer Congreso Nacional de Violencia de Género organizado por la Asociación Clara Campoamor.

Pregunta. “Quien maltrata no es un ogro odioso y peludo al que se ve venir desde lejos del miedo que da”. Dicho por usted en su blog. ¿Quién es la persona que maltrata?

Respuesta. Es algo mucho más personal que un ogro que te encuentras por la calle. La idea que tenemos de la violencia es que es súper agresiva y clara. Te da un puñetazo, y, seguido, surge el comentario de “cómo le dejas que lo haga”. Es el extremo, pero lo que se nos olvida es que un maltratador es una persona a la que quieres y la que te dice que te quiere.

P. Aunque una chica sepa que un tortazo es violencia de género, pero ¿los jóvenes reconocen todas sus manifestaciones?

R. No es fácil verlo, puedes confundir y perdonar, pensar que ha habido un momento en que me ha tratado mal pero luego mira que bien me trata… Esa mezcla es lo que ocurre normalmente, entra en juego el amor, una especie de virus, el amor ciego. Se va confundiendo, poco a poco se va normalizando, dejas de ver cosas que desde fuera sí se ven. Desde el exterior nos parece bastante fácil identificar que un novio es demasiado celoso, dominante, o que se está pasando. Pero cuando estamos dentro, infectadas con ese virus, no. Quizás necesitamos hacer más caso a nuestro entorno.

En la Red, aunque hay más imágenes femeninas, hay más opiniones masculinas."

P. ¿Es habitual esa confusión?

R. En chicos y en chicas se escucha con mucha frecuencia esa idea de amor romántico, frases como “por amor lo tengo que hacer todo”, “ya conseguiré que me empiece a tratar bien”… Hay chicas que se dan cuenta, que dejan una relación porque se dan cuenta de que su yo se está desintegrando y que dicen basta aunque eso suponga perder algunas cosas buenas que sí aporta la relación. En la primera investigación que realizamos, el 25% percibía siempre estas señales, pero el resto tenía dificultades.

P. ¿Cuáles son las señales que no ve el 75% restante?

R. La pérdida de amistades, de aficiones propias, el no poder hacer cosas sin justificarse en todo momento, que él cambie la forma de vestir de ella o que le diga cómo tiene que pensar. O los celos, eso también nos tiene que llamar la atención, porque, aunque pensemos que son buenos, son el detonante de los actos más agresivos y suelen ser uno de los principales argumentos de un asesinato.

P. Las encuestas apuntan a que las generaciones jóvenes reproducen roles sexistas. ¿Observa un retroceso?

Las chicas están entrando en el rol de ser muy femeninas para ser aceptadas"

R. Venía pasando, pero se está perpetuando. El chico que no esté cortado por el patrón de lo que se considera un tío duro queda relegado, como el sosaina, el pagafantas. Las chicas están entrando en el rol de ser muy femeninas para ser aceptadas. Y entienden que para eso tienen que ser muy sexys y algo sumisas. Al final sí veo una especie de retroceso en los derechos de las chicas. Antes, la gente de mi generación, en la adolescencia no se diferenciaba mucho entre chicos y chicas, ahora sí. Ahora necesitan diferenciarse claramente, es como si estuvieran reforzadas esas posiciones distantes. Eso sí, la masculinidad está muy integrada desde la infancia en los chicos, que toman más la palabra, son más activos. La sumisión de las chicas también se gesta desde la infancia, son más cautas, esperan y se suman a la opinión del resto.

P. Hoy en día, si pregunta a cualquier chica, no se siente la desigualdad.

R. El entorno educativo tapa bastante las desigualdades. Nos van educando como si realmente tuviéramos las mismas oportunidades, pero, cuando llegamos al mercado laboral, nos encontramos con que no se nos valora como a ellos. Las mujeres de otras generaciones eran más conscientes de las desigualdades porque estas eran más claras: no podían abrir una cuenta de banco sin permiso del marido. Ahora no. De primeras lo identificas como un problema que te ha ocurrido como persona, hasta que te das cuenta de que ha pasado a más gente que lo que tiene en común que son mujeres. Hasta entonces no te das cuenta de que no ha sido algo personal porque no valías, sino algo social a lo que no has dado importancia hasta ahora.

P. ¿Son las redes sociales la manera directa de concienciar a la juventud?

R. Es la forma en la que ellos se relacionan. Las utilizan para dar una imagen, en el caso de las chicas, una imagen sexy. Yo creo que hay que utilizarlas para tomar la palabra, porque favorece el empoderamiento. En la red, aunque hay más imágenes femeninas, hay más opiniones masculinas.