Ferrín: “Paz Andrade sabía que no puede haber una Galicia sin prosperidad”

Autoridades institucionales y culturales glosan el legado de Paz Andrade

Villares destaca que el periodista vislumbró “la política de la sociedad de masas”

Feijóo y Ferrín, durante el acto central organizado por la Academia en Vigo para homenajear a Valentín Paz Andrade. / SALVADOR SAS (EFE)

Político y economista, periodista y poeta, la figura de Valentín Paz Andrade (Lérez, Pontevedra, 1898-Vigo 1987), a quien se dedicó el Día das Letras Galegas de este año, atraviesa el atribulado siglo XX con una actividad desbordante que proyectó a la mayor gloria de Galicia en cada una de esas facetas. Ayer le fueron reconocidas y glosadas en los discursos, a cuál más brillante, de la sesión extraordinaria que la Real Academia Galega (RAG) celebró en Vigo con esa finalidad ante las primeras autoridades institucionales y culturales de Galicia, así como ante los familiares del homenajeado.

 Fue Paz Andrade un “home de pegada longa”, empezó a retratar Xabier Vence su dimensión de economista inserto en el “cutrecapitalismo de la autarquía franquista”; un agitador de iniciativas desde abajo, un hombre de mundo, que subrayó con su cargo en la FAO, un empresario ilustrado, emprendedor e innovador que predicó con el ejemplo de Pescanova [pionera de la gran flota congeladora viguesa, cuya inspiración fueron las merluzas “grandes coma homes” que Paz Andrade presenció en el mercado de Ciudad del Cabo y que señaló como objetivo para la tradición pesquera de Galicia] y en una obra de gran relevancia, singularmente La marginación de Galicia, donde establece que en el mundo contemporáneo ninguna cultura sobrevive sin recursos económicos.

En esa obra ya plantea Paz Andrade el problema financiero de Galicia, su marginación por el centralismo madrileño en el despliegue de recursos, frente al que proponía un uso autónomo del ahorro para aplicarlo al propio crecimiento económico. Vence subrayó la actualidad de aquellos planteamientos, que incluían “escapar por mar para encontrar nuestro futuro”, por ejemplo, en Brasil...

Manuel Rivas glosó su condición de periodista y poeta, un doble oficio con la misma motivación de desvelar y compartir lo que se desconoce hasta su publicación. Fue cronista de la Guerra de Marruecos y director del histórico Galicia, uno de cuyos rasgos de modernidad, que aún hoy mantienen diarios como Le Monde, fue la viñeta de la portada, en su caso de Castelao. Por sus contenidos conoció la cárcel, por primera vez en 1924 [dictadura de Primo de Rivera], y después en 1957, por unas notas en la revista Industrias Pesqueras que fundó. En medio (1932) salió ileso de un atentado a tiros.

“Nunca calló, ni en los momentos de silencio”, dijo Rivas, que también quiso adivinar su presencia como “el tercer hombre, al que no se ve” de la película Casablanca, asociado a su trajín cierto con las maletas de aeropuerto en aeropuerto, “prófugo de la muerte”, como él mismo se autodefinió.

En su “fecunda e intensa biografía”, indicó Ramón Villares a continuación, destaca la gran coherencia de vida y obra, de reflexión y experiencia. Paz Andrade fue un político “más influyente de lo que cabe pensar por su breve militancia partidaria” y que reconoció “la nueva política adaptada a la sociedad de masas”. Del republicanismo y federalismo que proclama en un mitin en Vigo, en 1930, junto a Otero Pedrayo y Castelao, a la “nueva alborada cívica” que anuncia con las mismas ideas el 4 de Nadal (1977). Su antifranquismo ya le había llevado a “ocupar la silla de Galicia en las plataformas de oposición” que pugnaban por alternativas al Régimen y luego por el propio Estatuto de Autonomía en las comisiones y debates que lo alumbraron con el referente del de 1936, al que el estallido de la Guerra Civil impidió cobrar vigencia.

Paz Andrade, señaló Xosé Ramón Barreiro en su turno, cubrió además el vacío de temas tecnológicos que, con el énfasis puesto en la cultura, el galleguismo histórico había desatendido y que él enmarca en el objetivo de “situar nuestra economía en el mapa del mundo, para hacer de Galicia un referente a escala mundial”. Pero tampoco por esta ocupación de “tecnólogo” descuidó su interés en promover la lengua propia, incluso en sus escritos de economía: de nuevo latente el potencial de Brasil.

En 1936 Paz Andrade fue condenado al ostracismo, un destierro que comenzó en Verín y acabó, después de otras etapas intermedias, en Villanueva de la Serena (Badajoz). En Requeixo y, por extensión en la Serra da Queixa, da cauce a una inspiración poética que, según Xesús Alonso Montero, que ha recopilado su poesía (de 1937) hasta ahora inédita en tres volúmenes, soprende al propio autor. Hay en ella, en algunos casos, influencias lorquianas —fue amigo del poeta granadino— y ninguna alusión política, aunque Alonso Montero no dudó en asimilar su trasfondo al que “el poeta errante”, León Felipe, expresó en ya afamados versos: “Franco,/ tuya es la hacienda, el caballo y la pistola...”

Paz Andrade, concluyó Ferrín el acto, fue un hombre “dotado de voluntad metálica” y “dueño de un verbo poético singular”, que se puso “en cuerpo y alma al servicio del pueblo gallego” desde que en 1917 —recordó el presidente de la RAG en el acto de homenaje posterior— presidió la tuna en Pontevedra. “Está siempre ahí, en las grandes encrucijadas”, con la certeza de que “no puede haber una Galicia dueña de sí sin prosperidad”.

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