El Lugo vuelve a intentarlo

El equipo de Setién conocerá hoy su primer rival en la promoción a Segunda

Plantilla del Lugo al completo, la pasada semana, en el Ángel Carro. / XOSÉ MARRA

Un renacuajo del equipo benjamín del Lugo se acerca a Quique Setién y evita los rodeos. “¿Te vas a ir?”. Recibe una caricia por respuesta. Y una sonrisa. Las cosas en el Ángel Carro se manejan con naturalidad y sin tensiones, ni siquiera ahora que por segundo año consecutivo acecha la promoción. Al técnico, el artesano que ha conseguido que un equipo de la clase media-baja de la categoría de bronce mire sin ambages hacia un escalón superior, le ha incomodado que justo ahora salieran a la luz las conversaciones que mantiene con el Racing de Santander para volver a su tierra. “Es un club en el que ahora mismo es imposible guardar un secreto”, lamenta. Pero le puede el corazón y la heráldica. Quique es una gloria del Racing.

El primer rival en la promoción será el Eibar, el Lucena o el Huracán de Valencia

Mientras se concreta su retorno a casa, Setién tiene un trabajo por hacer. No hace ni un año que el club dejó pasar dos opciones de ascenso. En ambas, ante Murcia y Alcoyano, quedó el resquemor de que el objetivo estuvo próximo, de alguna decisión arbitral errónea. “Lo intentaremos de nuevo”, anunció el entrenador. Y ni los 13 cambios operados en la plantilla o la competencia del grupo más fuerte de los últimos años en Segunda B le han apeado de llegar a una promoción en la que debe superar tres eliminatorias y en la que en primera instancia se enfrentará al Eibar, el Huracán de Valencia o el Lucena de Córdoba. “La temporada pasada estaba convencido de que subíamos y ahora las sensaciones son idénticas. Además la experiencia me va a ayudar para afrontar los partidos y concienciar a los jugadores”. Quique, también los futbolistas que estaban entonces con él, tienen vivos los recuerdos. Y saben lo que hay que corregir. “Es muy importante marcar fuera. Y este año creo que tenemos más profundidad de banquillo”, entiende Manu, lateral zurdo y capitán, que cree que el equipo llega bien a esta fase. “Pero son partidos diferentes a los de Liga”, incide.

El trabajo de Quique pasa por convertir en normal lo extraordinario. “Tenemos unos automatismos adquiridos y, si empezamos a mover la pelota, cualquiera sufre contra nosotros”. El Lugo tiene un sello, un estilo que reconforta a aquellos que defienden que el fútbol es algo más que una exposición de testosterona. Y Setién, que de corto fue talentoso, defiende la pasión de quien ama su profesión. “Aquí le decimos al futbolista que va a jugar al fútbol y no a pegar pelotazos. Le obligas a tener responsabilidad a la hora de buscar al compañero. Le das medios para que así sea y acabas cohesionando algo. Y cuando salen las cosas, se crecen”. Valen un par de ejemplos. En verano, tras la vorágine de bajas, reclutó a dos centrales que ya conocía, Fran Pérez y Garrido, dos cántabros que jugaban en Baracaldo y Cuenca, acostumbrados al rompe y rasga. “Ahora ya están integrados, pero les costó una barbaridad porque se sentían cómodos en lo que hicieron siempre, arropados, en espacios reducidos, y cuando llegaba el balón le pegaban una leche. Yo les pedí que se colocasen para recibir y avanzar, les di condiciones para arriesgar lo menos posible, pero les hice ver el beneficio del equipo cuando salen de atrás con el balón. No se lo pido porque sí. Y les doy permiso para fallar”. La alternativa es tener miedo y deshacerse de la pelota. “Entonces no juegan”, rebate Quique.

El entrenador dice que no sería más feliz en el Bernabéu que en el Ángel Carro

Todo este ideario lo respaldan las victorias. Lugo ha redescubierto el fútbol, 3.400 socios dan soporte a un equipo largos años acostumbrado a la indiferencia de su ciudad. “Nunca se había jugado así. Estamos muy orgullosos”, recalca el presidente José Bouso. En el palco nadie elucubra. Este año a pesar del subidón del año anterior el presupuesto del club menguó. Primero cuadran las cuentas en los despachos, luego rueda la pelota. Los jugadores cobran sin tacha entre el 1 y el 5 de cada mes. José María Belforti, un zaguero argentino que ha recorrido bastantes destinos del fútbol de bronce, sabe que está ante algo excepcional. “Menos en Lugo en todos los sitios tuve que poner denuncias al final de cada campaña para cobrar. El club transmite tranquilidad y escasa presión por los resultados”.

Y sin embargo late el deseo de jugar en Segunda, aquel gol anulado a Ballesteros que hubiera valido la prórroga ante el Murcia, el que le escamoteó un linier de mirilla fina a Belforti en Alcoy, el mano a mano de Monti que se fue junto al palo en la vuelta contra los alicantinos. Al final el marcador sentencia, aunque siempre quedan benditos románticos como Quique Setién, un tipo que hace tres años atendió la llamada del director deportivo Carlos Mouriz para reencontrarse con el fútbol que ama. Un gestor de ilusiones que asegura sin pestañear que sería igual de feliz en el banquillo del Ángel Carro que en el del Bernabéu (seguramente no tanto como en el de El Sardinero) y que entiende que toda esta revolución operada en Lugo le ha servido al club para generar un aura de seriedad en la gestión y buen gusto con la pelota, “un nombre que al margen de quien esté en el banquillo es esencial no perder”. Pero sí, vuelven a intentarlo.

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