ANÁLISIS

La novia cadáver

Como profesional del medio me es difícil analizar la situación de la Ciudad de la Luz. Hay dos partes en mí que no piensan lo mismo y que discuten acaloradamente cada vez que el tema es el centro de atención. Por un lado está mi parte creativa y soñadora, que no deja de recordarme la emoción que sentí la primera vez que pisé los estudios en la última fase de su construcción.

Recuerdo claramente mi asombro ante tan magno proyecto; no podía creer que aquello fuese real y que estuviera tan cerca de mi pueblo natal. Uno siempre ha sido muy mitómano con eso del cine, y aquello me recordaba a los famosos estudios de la era dorada del cine en Hollywood. Y soñé. Durante unos minutos soñé que algún día podría rodar allí. Alicante se podría convertir en la California de Europa, los actores y directores de mayor prestigio pasarían largas temporadas en la ciudad, con lo que ello supondría no solo para la economía sino para la promoción turística. Todo parecía encajar a la perfección, pero había demasiadas preguntas sin respuestas y eso, en un proyecto de estas dimensiones, es una auténtica bomba de relojería.

Mi parte más práctica y racional, con la que discuto a diario, llevaba mucho tiempo insistiendo.

¿Hubo algún estudio para ver la rentabilidad del proyecto? Por qué no se levantó poco a poco, primero un estudio y después, en función de la respuesta de la industria y la demanda, otro.

Quién pensó que los americanos volverían en tropel a España como lo hicieron en los años sesenta con los famosos Estudios Bronston, en los que se rodaron algunas de las mejores películas de la historia del cine,La Caída del Imperio Romano, Orgullo y Pasión o 55 días en Pekín, entre otras muchas. Nadie pensó que en aquella época era muy barato rodar en este país y que en la actualidad ya no es lo mismo.

La industria del cine en España es tan débil que ni tan siquiera me atrevería a llamarla industria. Salir de Madrid para rodar es muy caro pudiendo hacerlo en localizaciones, interiores y exteriores, de tu ciudad. ¿Quién asume los costes?

Tener los mejores estudios de Europa, que, sin duda, lo son, no nos ha servido de mucho y ello me apena. Es cierto que ahora no estamos en los años 50, la manera de hacer cine ha cambiado mucho. En la actualidad, se rueda mucho más en decorados naturales, las grandes multitudes de extras han pasado a la historia, son solo pequeños bocetos en un ordenador que una tecla convierte en multitud por arte de magia. Ya nada es como antes y menos en el cine, donde todo es mentira para convertirse en verdad en la pantalla.

Las grades producciones americanas para abaratar costes ahora se van al norte de África (Marruecos). ¿Nadie sabía esto? ¿Nadie sabía que incluso en Los Ángeles comenzaban a notar una crisis en el sector?

No sé qué contestar a estas preguntas, ya sé, ya sé que son importantísimas, pero hay algo en mí que me impide hacerlo, quizá el miedo a perder un sueño, un sueño de cine, algo que he mamado desde mi infancia; pero la realidad es ya mucho más poderosa e inescrutable.

La Ciudad de la Luz es una novia estupenda que se ve obligada a pagar a los novios para que la cortejen ¡¡dónde se ha visto algo así!! Ya sé que había que darnos a conocer cuanto antes, que debíamos posicionarnos en el mercado debido al gran coste de las instalaciones, pero no parece que debiera ser de la manera en que se hizo. No debimos dar un solo euro a las grandes producciones internacionales. Sí facilitarles todo, e incluso poner a su disposición los estudios a coste cero.

No entiendo de leyes pero ahora Europa dice que lo hemos hecho muy mal y que debemos devolver un montón de euros. No sé lo que se puede hacer, quizá sí lo que no se debía haber hecho, pero ya es demasiado tarde. Siempre he pensado que el futuro de una persona no depende solo de su preparación, existe también la suerte y algo muy importante: estar en el momento justo en el sitio adecuado. La Ciudad de la Luz no ha tenido suerte y no era su momento. Hace 30 años, sin duda todo hubiera sido distinto, pero desgraciadamente ahora es muy complicado. No sé lo que puede pasar, pero espero que, al menos, la escuela de futuros profesionales siga adelante. Debemos pensar que ellos serán los responsables de emocionarnos con sus historias dentro de unos años. Los tiempos son difíciles para todos, dejémonos de fotografías caras, de viajes ilusorios y actuemos antes de que sea demasiado tarde.

No quisiera estar en la piel de los representantes políticos que deben tomar una decisión. Me consta el esfuerzo que están haciendo y la profesionalidad en la dirección de los estudios en la actualidad. Es un marrón, lo sé, pero insisto, las nuevas medidas hay que tomarlas cuanto antes, aunque nos afecten a todos.

Pase lo que pase, yo seguiré soñando que algún día podré rodar en los estudios de la Ciudad de la Luz, aunque sea en una esquina.

Ojalá el sueño de Luis García Berlanga sea todavía posible y rentable, aunque tenga que repensarse. Para ello nos gustaría poder contar con el genio del maestro, pero como eso no es posible, el de los grandes creadores.

Juan Luis Iborra es director de cine y del Festival de Cine Internacional de L’Alfàs del Pi.

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