El indignado que tiene que estar a las diez en casa

Robert Monjo, el convocante de la concentración del aniversario del 15-M, cuenta los sinsabores con la administración y con miembros del movimiento que no han apreciado su iniciativa

Robert Monjo se ha ganado un par de dolores de cabeza con su decisión de convocar la marcha de aniversario del 15-M en la Puerta del Sol. Este físico y climatólogo originario de Valencia pero con residencia en Madrid no solo ha terminado envuelto en un recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) para evitar que delegación de Gobierno limitara las horas de reunión. También se ha tropezado con la ira de muchos indignados que no han apreciado su iniciativa de convertir la protesta en un acto legal.

Todo empezó cuando a oídos de Monjo, miembro de la Asamblea Virtual 15-M -una agrupación muy activa en Internet-, llegaron protestas de otros miembros del movimiento sobre el incremento de multas en los últimos tiempos por participar en concentraciones sin permiso. Una tendencia que coincide con lo que admiten en privado algunos policías: que cada vez están recurriendo con más asiduidad a sanciones administrativas como elemento disuasorio contra los indignados. “Entonces a un grupo de amigos se nos ocurrió que si se ponían a multar en Sol podían hacer mucho daño a gente que tendría problema para pagar”, cuenta Monjo. Para evitarlo, cada uno de los amigos redactó una convocatoria y la envió a la Delegación de Gobierno de Madrid (se comprometieron a ello unos 50, pero Monjo solo puede asegurar que cumplieron el pacto unos tres o cuatro). “Y no sé por qué, si porque llegó primero, la que autorizó la Delegación fue mi convocatoria”, cuenta. Ahí empezaron los malos ratos.

Como la concentración va a ser a mi nombre,  el único que va tener obligación de retirarse a las diez voy a ser yo"

“Aplaudo que haya indignados que no estén de acuerdo en pedir una concentración legal, pero no entiendo por qué se arrogan el papel de portavoces del movimiento y, en nombre del 15-M, atacan lo que hice”, cuenta. En los últimos días a Robert se le ha llamado desde traidor a infiltrado, individualista, aprovechado, miembro de un grupúsculo decidido a reventar el aniversario del 15-M... “Nadie puede hablar en nombre del movimiento”, dice. “Los que me atacan no son portavoces más que de determinados colectivos”.

La convocatoria que Monjo anunció era muy vaporosa. A título particular comunicó que el plan era que su "grupo de amigos", por lo menos 20, se encontrase para una reunión pacífica desde "las 00.00 horas del 12 de mayo a las 23.59 del 15 de mayo" con el objetivo de “planificar las protestas pacíficas contra los recortes en el Estado de Bienestar (…), así como para protestar contra la corrupción institucional”. La Delegación concedió el permiso, pero estableciendo importantes limitaciones: en lugar de 96 horas consecutivas serían 35 divididas en cuatro días. Concretamente, cinco horas este sábado y 10 horas consecutivas del 13 al 15 de mayo.

Movimiento sin portavoces

Monjo recurrió ante el TSJM la limitación, pero tras el primer empuje que supuso que la Fiscalía suscribiese su posición por entender que no existía ningún indicio de peligrosidad que justificara limitarla, se encontró esta mañana con que el tribunal desestimaba su recurso por llegar cuatro horas fuera de plazo. “Es increíble”, protesta, “yo envié la primera comunicación a Delegación el martes pasado [1 de mayo], y como había festivos de por medio, ellos no me respondieron hasta el viernes a las 19.45. ¿Cómo pretenden que un tío normal prepare un recurso judicial en 48 horas con el fin de semana por medio?”. Tuvo que tirar de agenda y pedir ayuda a una amiga abogada y otra procuradora y presentar los papeles este lunes por la tarde, fuera de plazo. Monjo está de acuerdo en que excedió el periodo legal de recurso, pero considera que ha sido víctima de una triquiñuela. “La ley dice que para convocar una manifestación solo hay que anunciarla, pero ya veo que no: hay que comunicarla y además tener asesores legales disponibles 24 horas al día”.

Sus relaciones con la Administración estos días no han mejorado sus impresiones sobre el funcionamiento del sistema

Monjo es promotor de Grupo Pluralista, un colectivo defensor de posturas reformistas, partidario de que “el sistema se puede cambiar desde el sistema” con la intención de que los ciudadanos tengan más poder. Sus relaciones con la Administración estos días no han mejorado sus impresiones sobre el funcionamiento de la democracia española. “Y de postre me llueven palos por todas partes”, dice. “El 15-M se supone que es un movimiento horizontal, y ahora resulta que aparecen voces que en nombre del 15-M me atacan. Yo no soy un representante del 15-M, pero ellos tampoco”.

Después de tantos sinsabores, Monjo se siente ahora preso de una paradoja. Considera que la suya es solo una de las múltiples convocatorias que el 15-M ha lanzado en Sol para estos días, pero al mismo tiempo es la única autorizada. “Hay gente que prefería no hacer las cosas legalmente, y yo sí quería hacerlas legalmente. Limitar la presencia en la plaza es un error y no creo que los manifestantes tengan que hacerlo. Pero al final, como la concentración va a ser a mi nombre, resulta que el único que va tener que acatar la obligación de retirarse a las diez voy a ser yo”. Eso no significa que a esa hora vaya a correr por la plaza espantando a la gente, aclara. “Yo me responsabilizo de mis 20 amigos”, bromea. “Y solo hasta las diez: luego que se incorporen a otra convocatoria y hagan lo que quieran”. A la pregunta de si va a identificarse durante las protestas responde que ni de broma. “Con el cabreo que tienen algunos conmigo, como para irme presentando por ahí. Yo la verdad es que no lo entiendo”.

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