El ferrolano José Domingo logra el premio al mejor cómic español

Mudo y con cuatro viñetas por página el embrión de Aventuras...fue un encargo de cinco páginas para las Xornadas de Banda de Ourense

Santiago de Compostela 8 MAY 2012 - 21:14 CET

Un oficinista con su maletín sale del trabajo y no consigue llegar a casa. Por el camino se puede convertir en superhombre, encontrarse con la yakuza, oficinistas sectarios, yetis o Satán, al que el mismo autor, atado al caballete, pide misericordia. Es parte del relato de Aventuras de un oficinista japonés(Bang!, 2011), primera novela gráfica del ferrolano José Domingo (Zaragoza, 1982), elegida mejor obra de autor español en el reciente XXX Saló del Còmic de Barcelona.

Mudo y con cuatro viñetas por página, como un videojuego con la misma perspectiva, el embrión de Aventuras... fue un encargo de cinco páginas para las Xornadas de Banda Deseñada de Ourense de 2009, ahora en peligro. “Aquella protohistoria variaba sustancialmente porque era en blanco y negro en vez de color, que es un aspecto fundamental del libro final”, precisa. El trabajo completo se alargó más de siete meses contando maqueta, diseño y portada, también decisión suya. Entre la forma y las fuentes, críticos ha habido felices de encontrarse con pirotecnia japonesa y fondo lisérgico anglosajón. “También se podría hablar de un desbarre technicolor deconstruido con aroma de sushi”, ironiza.

Más ideológica es la apuesta por los recursos icónicos del cómic en su primer guión, privando de voz a los personajes y sin cambiar el plano: “El fondo y la forma se fueron convirtiendo en un todo, y el resultado es una obra 100% cómic, no puede trasladarse a otro medio o narrarse con otro lenguaje sin perder sentido”, resume. “La narrativa de cómic es potentísima por sí misma, y a veces parece que hay que emparentarla con otros medios como el cine para legitimarla. Eso no es así, y lo mejor es que todavía queda mucho por explorar”. Entre los materiales que introdujo José Domingo en la historia hay mucha cultura popular, regurgitada “más o menos inconscientemente”. “Conscientemente, el tema de los videojuegos es lo más destacable por el punto de vista cenital de clásicos de los ochenta como Zelda, aventuras gráficas de LucasArts como Loom o Maniac Mansion... Todo eso es parte del oficinista en el humor negro y absurdo, algo que aprecio en cualquier soporte”. En el grafismo, cita a Max, Chris Ware o Dave Cooper, en pie de igualdad con Gabi Beltrán, David Rubín, Miguel Robledo, Ibáñez o Jan, el de Superlópez.

Con infinidad de reseñas positivas y sin problemas de difusión —se publicó casi al mismo tiempo en Francia—, Bang! se interesó por el proyecto del oficinista después de conocer Cuimhne (Dolmen), el primer álbum de Domingo, con Kike Benlloch al guión. No es la primera apuesta gallega de la editorial barcelonesa, que ya publicó a Jano (Ratoon) y Jacobo Fernández (Marcopola, la isla remera).

Entrar en el palmarés del Saló acompañando al fallecido Moebius, ganador del Premio al Mejor Álbum extranjero por Arzak, el vigilante, es otro de los motivos que induce “mucha felicidad” tras una “sorpresa tremenda”, más allá de los 10.000 euros del premio. No fue la única presencia cercana en Barcelona. El ourensano David Rubín competía en la misma categoría con El héroe. Y Lola Lorente, valenciana radicada en A Coruña, ganó en la categoría de autor revelación con Sangre de mi sangre (Astiberri).

 

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