Miradas sobre madrid | Pilar Aresti

“Hemos ganado libertad, pero no la paz definitiva”

"En UCD vivimos años terribles, en que se mató a mucha gente. Y resistimos”

Pilar Aresti, en Bilbao. / FERNANDO DOMINGO-ALDAMA

Su primer recuerdo de Madrid es muy lejano, “de niña”, afirma la exsenadora del PP Pilar Aresti. Solía ir a la capital en coche con su padre, el conde de Aresti, quien viajaba allí por razones de negocios. Entre otros cargos, José Aresti era presidente de Papelera Española. Siempre iba acompañada por su madre, en uno de esos viajes eternos que duraban medio día y que les permitía detenerse a comer, a veces, en el Parador de Aranda.

 En Madrid no tenían familia muy cercana, pero siempre visitaban a algún pariente lejano o a amigos de sus padres. Después, entró a estudiar en el colegio Ciudad Ducal de Ávila y sus viajes se hicieron más asiduos, sobre todo cuando se premiaba a las alumnas con una visita a El Escorial, a La Granja, a Aranjuez o a los museos, donde se pasaban horas. “Ir a Madrid era siempre un gran premio, tanto desde el colegio de Ávila, como desde el Sagrado Corazón de Algorta”. De ahí le viene su gran afición por las artes.

Liberal de corazón, Pilar Aresti se lanza a la política al inicio de la Transición. Da sus primeros pasos como militante de UCD y se convierte en diputada de la Diputación de Bizkaia de 1979 a 1983, así como apoderada de las Juntas Generales en ese mismo cuatrienio. En 1995 repetiría como juntera, esta vez elegida ya por el PP, cargo que ocupó hasta 1999. “En la UCD vivimos años muy convulsos, años terribles, en los que la falta de libertad era total, en los que se mató a mucha gente”, rememora. “No había una semana en la que no tuviéramos que asistir a un algún funeral. Recuerdo muy especialmente el año 1980, en el que tres compañeros del partido fueron asesinados en pocas semanas. Entonces, se pensó, incluso disolver la UCD vasca”. Sin embargo, siguieron adelante. “Y también siguieron los asesinatos de policías, compañeros de otros partidos, periodistas, empresarios, jueces, y uno que me atañe muy personalmente el de mi primo Enrique Aresti, un hombre que nunca participó en política y que fue vilmente asesinado. Fueron años muy duros y resistimos”, indica.

Perfil

  • La bilbaína Pilar Aresti Victoria de Lecea, hija de José Aresti, conde de Aresti, y esposa de Ramón Icaza, uno de los principales accionistas del BBVA, pertenece a una de las familias históricas de la oligarquía vizcaína. Política y empresaria, al inicio de la Transición comenzó a militar en la UCD.
  • Apoderada en las Juntas Generales de Bizkaia y miembro de la Diputación de este territorio entre 1979 y 1983, repitió como juntera ya con el PP de 1995 a 1999.
  • Elegida en 200o senadora del PP por Bizkaia, ocupó su escaño hasta 2004.
  • Desde hace años es vicepresidenta de la Residencia Conde Aresti, fundada por su abuelo, y preside el Comité de Amigos del Museo Guggenheim.

Joaquiín Garrigues Walker fue un ministro excepcional”

Tras disolverse UCD, como muchos otros militantes vascos se incorpora a la Federación de Partidos Demócratas y Liberales, una coalición integrada por tres partidos: Alianza Popular, Partido Liberal y PDP. De allí pasaría al PP, tras la refundación de Alianza Popular.

De su militancia liberal mantiene un recuerdo entrañable, centrado en su buena relación con Joaquín Garrigues Walker. “Sí, fue muy buena. Fue un ministro excepcional, pero Joaquín no hubiera tenido que morir tan pronto, eso es indudable”, lamenta. “Las charlas con él eran siempre amenas e instructivas, con él aprendimos mucho. Era un gran demócrata, respetado por todos los políticos de cualquier ideología”, prosigue. “Recuerdo que estaba en Madrid en la tribuna del Parlamento el día en el que era necesario su voto y se presentó en el hemiciclo, ya muy enfermo, con las secuelas, totalmente calvo. Entonces, todos los diputados en pie le rindieron un emotivo y merecido homenaje”.

Años antes, Pilar Aresti había iniciado su aprendizaje político, de la mano de José María de Areilza, suegro de Joaquín Garrigues. “Allí me entró el gusanillo político”.

En esa época compartió sus primeras tareas de organización en el Partido Liberal con Adolfo Careaga, Julen Guimón, José Antonio Ramirez Escudero o Ricardo Echanove. El presidente de la formación sería más tarde José Antonio Segurado.

De allí pasó con todos ellos a UCD, sin olvidar su estrecha relación con Marcelino Oreja, al que acompaña en esos funerales casi clandestinos oficiados a los miembros de las Fuerzas de Seguridad asesinados por ETA. “Los féretros se sacaban casi en secreto después de una misa en Los Agustinos [en Bilbao]. Recuerdo cómo la gente nos increpaba en la calle gritando ‘UCD traidores”, señala.

Mientras tanto, Aresti sigue con sus responsabilidades como diputada foral. Es entonces cuando asiste a uno de los actos más tremendos, que coincide con el intento de golpe de Estado del 23-F. “Era un pleno de último lunes de mes, y había estado en Madrid los días anteriores para asistir a la elección de Calvo Sotelo desde la tribuna de los Cortes. Recuerdo perfectamente que no se pudo elegir a Calvo Sotelo entre el jueves y el viernes y que seguiría la votación el lunes”.

Con gran disgusto, Aresti tiene que regresar a Bilbao. Ese mismo día y en plena sesión foral se enteró, como todos, del golpe de Tejero. Días antes había vivido, en ese convulso febrero de 1981, “el espectáculo” que Herri Batasuna montó en la Casa de Juntas de Gernika con ocasión del histórico primer viaje oficial de los Reyes a Euskadi.

Años más tarde, en 2000, fue elegida senadora por Bizkaia en las listas del PP e inicia un periodo de estancias prolongadas en la capital. “Es un cargo que me hizo una enorme ilusión y que me permitió mantener una relación muy bonita con Madrid. Vivíamos allí, aunque fue una época algo confusa, porque coincidió con importantes acontecimientos como la catástrofe del Prestige y, sobre todo, la bomba que ETA nos puso en casa. Posteriormente, me informaron iba dirigida contra mí”, precisa.

Rajoy es una persona muy cercana y asequible, muy afable”

El atentado se produjo tan solo cuatro meses después de que ocupase su escaño en el Senado. En la durísima ofensiva de ETA de aquel verano, la organización terrorista colocó dos bombas en Neguri, el barrio de Getxo símbolo de la burguesía vasca: el 25 de junio frente al domicilio de un miembro de la familia Delclaux y el 24 de julio, ante la casa de Pilar Aresti. Narra la exsenadora: “La Ertzaintza me avisó por teléfono de que iba a estallar una bomba frente a nuestro domicilio, y pregunté con cuánto tiempo contaba para abandonar nuestra casa. El agente me contestó: ‘No lo hay. ¡Protéjanse!’ Así lo hicimos, mi marido [Ramón Icaza] y yo, corriendo hacia el centro de la habitación central. La bomba no tardó un minuto en estallar. Eran las ocho y veinticinco de la mañana”.

La explosión en la calle Amán provocó muchos destrozos en su hogar y en otras 34 viviendas. Afortunadamente, no hubo heridos y su domicilio resistió. “La reacción de mis compañeros fue inmediata. Vinieron aquí a acompañarme Esteban González Pons y varios más, y por supuesto la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, que unos meses después, una vez arreglada la casa, estuvo pasando con nosotros un fin de semana. Recibí el apoyo, para mí reconfortante y emocionante, de todos los partidos democráticos vascos, de las autoridades locales del PNV y, por supuesto, del grupo vasco de senadores”, señala. “Si las piedras aguantan, ¿cómo no vamos a aguantar nosotros?”, diría aquel 24 de julio de 2000 la entonces senadora.

En todos esos años, su relación con Madrid es muy intensa. Participa activamente en las comisiones de Defensa; Educación, Cultura y Deporte, y la especial sobre Inmigración y Extranjería de la Cámara alta. Su relación es especial con su propio grupo, pero recuerda en particular las comidas con los demás senadores vascos. “La relación con el PNV era buena en aquel momento, sobre todo a nivel personal. No soy una persona conflictiva; soy dialogante y abierta, y espero haber dejado un buen recuerdo de mi paso por el Senado”, apunta.

La relación con el PNV era buena, sobre todo a nivel personal”

Con el socialista Javier Rojo, siguiente presidente de la Cámara alta, mantuvo una excelente relación. Muchas veces coincidía con él en los aviones de ida y vuelta a Madrid. También con senadores catalanes, en especial con la socialista Fátima Burto, con quien viajó a Kinshasha (Congo) durante 12 días para participar, en representación del Senado, en la Conferencia Parlamentaria para África. “Durante todo ese tiempo mantuve con ella un trato de confianza y de amistad”, enfatiza.

Fueron cuatro años intensos. Hace memoria Aresti y menciona los episodios posteriores a la catástrofe del Yak 42, que recuerda con tristeza y, de manera especial, el funeral y acto de homenaje a las víctimas, en el que, por ausencia de Alejandro Muñoz Alonso, tuvo que representar al Senado. “Fue un funeral durísimo en Torrejón, con todos los féretros de las víctimas y los pobres familiares. Muchos de los presentes increparon al presidente Aznar”, cita.

Más tarde, Esperanza Aguirre —“una mujer valiente y que dice las cosas como son y a la que la pasada semana felicité después de su éxito en el congreso regional del partido” en Madrid— le nombra miembro del Consejo Asesor contra la Violencia de Género, cuya presidenta era Cristina Alberdi, ministra del PSOE. “La amistad con Cristina me honra profundamente, porque es una mujer excepcional”, especifica.

— ¿Y con el hoy presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuál ha sido su relación?

— “Le conocí antes de mi época de senadora. Solía venir y ha venido muy a menudo al País Vasco. Siendo ministro tuvo mucho contacto con nuestro país y con nosotros, tanto con el partido como con la gente en conferencias o en mítines. Y en la época del Senado mantuve muchos contactos. Ha sido y es una persona muy cercana, muy asequible, muy afable y con gran sentido del humor”.

Esperanza Aguirre es una mujer valiente que dice las cosas como son”

Hace ya 16 años, cuando el peneuvista Josu Bergara era diputado general de Bizkaia y casi todo el mundo se oponía al novedoso proyecto del Guggenheim, Aresti, como juntera popular vizcaína, apoyó de forma entusiasta la construcción del nuevo museo: “Así como en otras cosas no acerté del todo, en esta di en el pleno, totalmente”.

Tras una reunión con Bergara y con el director general de la pinacoteca, Juan Ignacio Vidarte, fue nombrado presidenta del comité asesor de los Amigos del Guggenheim y de los Miembros de Honor del Museo.

En esta labor, unánimemente considerada como relevante, sigue manteniendo con Madrid una relación cultural importante, en la que destacan sus viajes anuales a la feria de arte contemporáneo Arco. la vspera de una de las visitas a la fieria, lleva a los miembros del Comité de Honor a concoer colecciones de arte privadas como la de la duquesa de Alba en el Palacio de Liria, la del empresario Plácido Arango en El Escorial, o las de Juan Torres y Fierro March. Todos ellos “abrieron sus casas al grupo del Guggenheim”. Visitas que se han repetido hasta totalizar 14 en estos casi 15 años de existencia del museo.

Evidentemente, la polémica sobre si el Guernica de Picasso debería estar en el País Vasco también ha figurado en sus recientes charlas. “Pienso que el Guernica, realmente está donde debe estar, donde realmente creo que Pablo Picasso quiso que estuviera”, opina la exsenadora. Y prosigue: “Eso no quita, que como vasca, me encantaría que el cuadro viniera alguna vez a Bilbao, pero creo que es prácticamente imposible, porque todos los informes de expertos aconsejan que el no se mueva más. ‘Se ha movido demasiado’, apuntan. Incluso diré que en el Guggenheim existe una sala de la que siempre se dice que podría albergar al famoso cuadro. Es como un pequeño santuario y sería un sueño maravilloso tenerlo ahí, o también en Gernika, pero en la villa foral no hay una infraestructura adecuada. De venir al País Vasco, no veo otro sitio mejor que el Guggenheim”, concluye.

Aresti también ha dedicado mucho tiempo de su vida a obras sociales, por ejemplo desde su actual cargo como vicepresidenta ejecutiva de la Residencia Conde de Aresti, antiguo Asilo Mena, que fundó su abuelo siendo presidente de la Diputación en 1903. “Curiosamente”, afirma, “tuvo como diputado a Sabino Arana. Siempre dije y digo que lo mismo que ellos supieron, desde diferentes puntos de vista y distintas ideologías, trabajar por Bizkaia, he procurado seguir ese ejemplo y trabajar por Bizkaia y el País Vasco”. “Evidentemente, siempre que he estado en Madrid he defendido lo vasco. Lo tengo absolutamente claro”, añade orgullosa.

Espero haber dejado un buen recuerdo de mi paso por el Senado”

De su relato se puede deducir que la exsenadora no ha tenido muchos enemigos, excepto los etarras que quisieron matarla. Muchos años han pasado desde entonces y la exsenadora parece contagiarse del optimismo que recorre Euskadi con el final de la violencia.

— ¿Cuál fue su reacción cuando ETA anunció su cese?

— “Un sentimiento contradictorio, con esperanza y congoja. El comunicado me cogió en Madrid justo antes de la visita a un museo, y me sorprendió la noticia. Mi primera reacción fue de alegría, evidentemente, pero a la vez de cierto asombro. Me chocó aquel escenario que montaron, esos individuos encapuchados diciendo que dejaban las armas y aceptaban el fin de la violencia. Y me dije: ¿qué está pasando?” Añade Aresti: “Inmediatamente, vi las reacciones de alegría de todos los partidos y la mayoría de la gente. De Antonio Basagoiti, el presidente del partido en el País Vasco, del presidente del Gobierno, etcétera. Yo también estaba contenta, pero no entendí muy bien aquella escenificación. Después me entró una especie de congoja. Todavía recordaba cuando los poli-milis dejaron las armas y lo hicieron a cara descubierta. Después de eso hemos visto a muchos de ellos en puestos importantes y reconocidos por todos. Recuerdo cómo Mario Onaindia, que provenía de ese mundo, presentó su libro en el Senado; tuve buena relación con él, como la tuve con Juan María Bandrés, quien desgraciadamente falleció hace pocos meses. Ese era mi recuerdo y me preguntaba: ¿qué estoy viendo? Esos tíos con capucha y el puño en alto…”

— ¿Y, hoy, cómo ve la situación?

— “Esto no es la paz, pero es un paso más, no cabe duda”, responde. “En estos meses no ha habido violencia, no ha habido chantaje y ahora su mundo político está en las instituciones. Lo veo con el corazón partido. Lo que está pasando me parece bien, son pasos, pero creo que tenemos que seguir aplicando toda la firmeza del Estado democrático. Hay que cumplir la ley, y nada más”.

— ¿Qué perspectiva se abre?

— “Hasta que estos señores no dejen las armas y no se disuelvan será difícil hablar de paz, porque esta no será completa. Hemos ganado libertad, pero no la paz definitiva”, considera la exsenadora. Y concluye: “Puede ser otra tomadura de pelo, porque, ante todo, no podemos olvidar a las víctimas, a sus familias y todo el dolor que han causado. No se puede dar carpetazo a 50 años de terror y sufrimiento. Una cosa es perdonar y otra olvidar. Evidentemente, entre todos, tendremos que lograr la convivencia, pero siempre antes que la reconciliación, y aún queda un difícil tramo que recorrer. Los próximos pasos los tienen que dar ellos, pero seamos optimistas".

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