Díaz-Fierros o el diálogo inteligente sobre ciencia

En nuestra sociedad abundan las personas que se proclaman abiertas y tolerantes, pero escasean las que de verdad aplican a su práctica diaria una actitud dialogante

Francisco Díaz Fierros, en la escalera del Consello da Cultura Galega. / XURXO LOBATO

En nuestra sociedad abundan las personas que se proclaman abiertas y tolerantes, pero escasean las que de verdad aplican a su práctica diaria una actitud dialogante. Díaz-Fierros es un imprescindible miembro de ese minoritario grupo. Escucha con calma y atención, sugiere, busca integrar propuestas y ofrece alternativas razonables para sus interlocutores. Es una actitud que afecta a sus relaciones personales pero va más allá, configura una disposición vital e intelectual que le permite una comunicación fructífera con personas de generaciones, sensibilidades e ideologías diferentes. Y que incide de forma decisiva en sus preocupaciones intelectuales y en la calidad de sus proyectos profesionales.

Este catedrático de Edafología y Química Agrícola de la Universidad de Santiago, de la que en la actualidad es profesor emérito, ha imprimido a su innovadora labor investigadora una clara y consciente orientación: aplicada y gallega. Su objetivo ha sido la resolución de problemas relacionados con el medio rural y el medio ambiente de Galicia.

El compromiso con su país no le impidió ser uno de los edafólogos más influyentes y respetados de España desde las décadas de los años 60-70 del siglo XX. Pionero en la aplicación de los métodos de evaluación de tierras de la FAO, así como en cuestiones como el agua del suelo, erosión y degradación de suelos, influencia de las especies forestales sobre el suelo, contaminación difusa del agua, o los impactos del cambio climático sobre los ecosistemas terrestres. Temas, recogidos en más de quinientas publicaciones y que se basaban en la mayor parte de los casos sobre datos de clima, aguas y suelos de Galicia. En muchos de ellos llegó a ser una referencia estatal. La preocupación por el medio ambiente se plasmó, además, en acciones institucionales y en proyectos relevantes, como la evaluación del impacto del Prestige. Y el interés por los aspectos aplicados de la ciencia lo ha compatibilizado con reflexiones sobre su propia disciplina, con resultados como la reciente publicación del libro La Ciencia del Suelo, Historia, Concepto y Método, y con otras iniciativas de notable calado intelectual.

Peldaños

Vilagarcía de Arousa, 1941.

1967. Realiza el doctorado en Farmacia, seguido de la concesión de una beca de la Fundación Juan March, lo que le abre las puertas de la investigación científica.

1970. Profesor adjunto de la Universidasd de Santiago y posteriormente catedrático.

1980. Presidente de la Xunta Rectora do Seminario de Estudos Galegos, con lo que se inicia su colaboración con Isaac Díaz Pardo.

1982. Miembro del Plenario del Consello da Cultura Gallega, donde llegaría a ser vicepresidente y desarrollaría toda su labor de promoción de la cultura científica gallega.

2002. Numerario de la Real Academia Galega, en reconocimiento a su labor investigadora y de defensa de la cultura científica.

En la afirmación del diálogo, en esa vocación de puente entre distintas áreas de conocimiento, se sitúa la apuesta de Paco Fierros por la interdisciplinariedad. Siempre rechazó la especialización a ultranza y defendió que en las fronteras de las disciplinas, en los lugares de interacción, es donde se encuentran los temas con más proyección de futuro.

Con estas premisas no nos sorprenderá una característica esencial de su trayectoria: el constante interés por establecer cauces de comunicación entre la ciencia y la sociedad. Fierros entiende que entre las responsabilidades del investigador figura la difusión del conocimiento. Y asume ese compromiso desde una consideración global de la ciencia y del científico como persona enraizada en una tierra y una cultura determinadas. Desde el Seminario de Estudos Galegos y el Consello da Cultura Galega promovió la cultura científica mediante numerosas iniciativas, singularizadas por el rigor, la continuidad y la conexión con la cultura del país, huyendo de manifestaciones que priman lo coyuntural y espectacular de la ciencia. Una labor reconocida en 2008 con el Premio Nacional de Cultura Galega Pensamento e Cultura Científica.

 

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