Gema Amor opta por aislarse

Un año después de la marcha de la exconsejera, que ahora dirige el CDL en Benidorm, el PP ha decidido abandonarla a su suerte

Gema Amor, en una imagen de archivo / JORDI VICENT

Benidorm vivió instalado en el bipartidismo político cuatro legislaturas en las que se sucedieron otros tantos Gobiernos del PP con mayoría absoluta. Esa hegemonía fue el pegamento que unió a un partido históricamente fragmentado a nivel interno del que ahora hace un año se desgajaron Gema Amor y algunos seguidores del fallecido exalcalde Vicente Pérez Devesa. La llegada del CDL al Consistorio construyó un nuevo escenario en el que han demostrado no saber actuar ninguno de los tres actores. El PSPV gobierna en minoría con 11 ediles, los mismos que el PP, mientras el grupo de Amor, que tiene tres concejales, ha coqueteado con ambos sin haber podido alcanzar un acuerdo duradero.

El pasado mes de diciembre, Amor y el candidato popular en 2011, Manuel Pérez Fenoll, se reunieron hasta tres veces para intentar presentar una moción de censura. Pero es imposible casar políticamente a una pareja que se acusa mutuamente de dividir y romper al PP local. Un mes más tarde, la misma Amor se puso a negociar con el alcalde, Agustín Navarro, del PSPV, un paquete de medidas económicas y el 21 de febrero sellaron públicamente un acuerdo. Pero el 30 de marzo, de nuevo Amor se convirtió en protagonista al votar junto al PP contra el plan de ajuste presentado por el Gobierno local para poder pagar facturas a los proveedores por un importe de 57,6 millones, empujando a los socialistas a un callejón sin salida. Navarro dijo sentirse “engañado”, mientras la exconsejera volvía a abrir la puerta a un pacto con el PP. “Estoy casi segura de que podremos llegar a un acuerdo con los populares”, dijo, “a pesar de Manuel Pérez Fenoll”.

La estrategia de Gema Amor, repartir mamporros dialécticos a su diestra y siniestra, la ha llevado al aislamiento político. En realidad su batalla es por captar y conseguir los mismos apoyos y votos que el PP, en cuyo seno y afiliación conserva múltiples seguidores. Pero no quiere ver a Fenoll de alcalde y también se negó a entregarle la vara de mando el pasado 11 de julio al portavoz popular, Toni Pérez. Calculó mal. Pensó que sus contactos en el PP regional o en la calle de Génova podrían reconducir la situación y que los conservadores contemplarían la posibilidad de que ambos partidos compartieran la alcaldía tras una hipotética moción de censura. Pero desde la victoria electoral de Mariano Rajoy en las generales, el caso Benidorm no ocupa y parece que ha dejado de preocupar, allí y aquí.

Fenoll tiene ahora vía libre para expulsar a algunos colaboradores de Amor y presentar un candidato para el control local del partido

Fenoll enmendó los estatutos del PP en el congreso nacional de Sevilla para poder expulsar del partido a los afiliados que colaboren como apoderados o interventores con otras fuerzas políticas, lo que sucedió en Benidorm en los comicios municipales, cuando destacados afiliados populares ejercieron de agentes electorales del CDL. El exregidor tiene ahora vía libre para expulsar a algunos colaboradores de Amor y presentar un candidato para el control local del partido, que renovará cargos en la asamblea de septiembre. Fenoll, apoyado por Fabra, no lo tendrá fácil porque al menos otros dos militantes de peso pretenden lo mismo: el senador Agustín Almodóvar y el concejal David Devesa.

En la celebración del primer aniversario del CDL, Amor apenas reunió a 300 personas, aunque intentó trasladar la sensación de que ha impuesto y cumplido con el 60% de su programa electoral estando en la oposición o de que la actividad de su partido desborda las previsiones. La portavoz liberal le dijo el viernes en un pleno a Pérez que “la culpa de que Agustín Navarro sea alcalde es del PP, que no sabe ni entenderse entre sus propios concejales”. Pérez contestó: “Usted me prometió que sería alcalde” tras renunciar Pérez Fenoll para que el PP mantuviera la alcaldía. Y ambos removieron el pasado desde su trinchera.

Mientras la ciudad está al borde del precipicio económico con más de 150 millones de deuda reconocida, con problemas de toda índole que se eternizan porque los intereses de determinadas familias locales siempre planean sobre el interés general, el Gobierno en minoría manifiesta claros síntomas de agotamiento. Y hoy por hoy, los tres grupos que pugnan por resolverlos son parte del problema. El tacticismo con el que afrontan cualquier nimiedad o el atenazador pasado que presentan sus más destacados miembros lastran la salida de la situación actual en la capital turística valenciana.

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