Una noche con el cinematógrafo

Los Irmáns Lumieira fabulan sobre el invento con Murguía, Keaton y Lloyd

Imagen promocional de O Fantabuloso Cine Ambulante dos Irmáns Lumieira

¿Pueden imaginar la sorpresa y la inocencia con la que el público de los hermanos Lumière gozó de las primeras imágenes del cinematógrafo?”. Esa primicia es la que recrea, a su manera, O Fantabuloso Cine Ambulante dos Irmáns Lumieira. La compañía instantánea creada por Vítor Mosqueira (Mofa e Befa, aquí director), Tomás Lijó y Carlos Meixide (pareja artística en Os da Ría). Hoy y mañana presentan su Sesión Nº1en el Salón Teatro de Santiago.

Para recrear la experiencia espectacular que inspiró opiniones análogas entre un cierto decadentismo y los jueces de la Iglesia, se inventan a los tres hermanos Lumieira: hijos de Luís Lumieira Loureiro, gallego emigrado a Francia a finales del siglo XIX. El mayor (Meixide), inventor y empresario fracasado, amigo de los poetas de la absenta —”esos personajes que frecuentaban el estudio del señor Nadar”— y de Eliseo Reclús, el gran geógrafo anarquista de la Primera Internacional, se encarga de desbrozar el relato familiar. El amigo de los Lumière de verdad es el mediano (Lijó), que aprendió en Lyon los secretos del cinematógrafo. Suso Alonso, el benjamín, comparece como pianista alcohólico, enfermo de desamor y mudo, tras una noche de borrachera en la que decide dejar de hablar. Cuando el Irmán Mediano recibe una llamada de Galicia para renovar las ópticas del Faro de Fisterra, los otros dos deciden acompañarlo, huyendo de paso de los acreedores y de las drogas legales de la época.

“Aquí hicimos muy buenos amigos”, continúan el relato, que involucra a los hermanos Villar Ponte, Pondal o a Murguía, amigo sobre todo del hermano bohemio —”le quiere como a un hijo”—. Todo el homenaje paródico al cine artesanal se incluía ya en Unha estrela de Galicia. Aquel sketch de Mofa e Befa, de su espectáculo Para ser exactos, ya hacía referencia a los Irmáns Lumieira como inventores del cinematógrafo. “Como los personajes no existían”, continúa el grupo, “nos pusimos por delante el reto de construirlos por nosotros mismos”. Encajan perfectamente con la “manía” de Lijó, profesor de Producción en el CIFP de A Farixa (Ourense), de coleccionar tecnología cinematográfica vintage.

El cine ambulante de los Irmáns Lumieira responde a la descripción: “Cuenta con todo lo necesario para instalarnos en cualquier localización y poner a andar la máquina de los sueños”. En concreto, una pantalla y un proyector de 16 mm que se instala entre el público, por aquello de “intensificar la magia”. Del envoltorio visual se encarga la artista moldava Natasha Lelenco, radicada también en la capital ourensana.

El público tendrá acceso a un espectáculo con dos proyecciones propias, filmadas en el Faro de Fisterra y en la Praia do Sardiñeiro —y montadas según el corta y pega tradicional— y dos cortometrajes de época: Never Weaken (aquí Viaje al paraíso, de Harold Lloyd) y One Week (Una semana, de Buster Keaton). “Dos historias completamente actuales”, recomiendan. Lloyd es un oficinista sin trabajo estable obligado a sostener a su novia con toda clase de equilibrios; Keaton se casa y su regalo de bodas es una casa prefabricada. El libro de instrucciones engaña.

“Diríamos espectáculo, porque el género varietés no hay que inventarlo”, coinciden. Entre el viaje en el tiempo y la apuesta “un poco sentimental” por devolverle al público la experiencia espectacular del cinematógrafo, antes de que el proyector quedase encerrado en la cabina, hablan de su proyección en cine como una opción “de coherencia interna”. Los dos miembros de Os da Ría no hablarán en su célebre barallete galegueiro. Tampoco los movimientos estereotipados de los galanes del cine mudo tuvieron una preparación especial. “Son fruto de la exageración interpretativa, e inciden también en la aceleración propia de la máquina del cine”.

A la Sesión Número 1 deberían seguir unas cuantas más. “Estamos abiertos a cualquier apuesta que pudiera surgir”. A la expectativa de cerrar más bolos, habrá dos pases en el Festival de Cans el 26 de mayo. El humor que resulta de juntar a Mosqueira con Lijó y Meixide no es el que estudió el psicoanálisis. Tampoco el humor rentable de los gallegos transterrados. “Es un humor bien senlleiro”, ironizan. Según precisan como Irmáns Lumieira, no es que reírse, ahora mismo, sea revolucionario de por sí: “El humor es gozoso, es la tranquilidad la que resulta revolucionaria”.

 

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