Las siete vidas de Aguirre

La presidenta regional, lejos de dar un paso atrás en política, se presenta como única candidata a liderar el Partido Popular madrileño y desmiente los rumores de su retirada de la primera línea

Esperanza Aguirre. / SCIAMMARELLA

Hay políticos que dicen una cosa y piensan la contraria. También abundan los que rehuyen el contacto con la plebe y se enrocan en unos despachos que más bien parecen torres de marfil. Luego está Esperanza Aguirre. La presidenta de la Comunidad de Madrid se comporta igual en las distancias cortas que en las largas. No engaña. Es lo que es. Neoliberal hasta la médula. Astutamente frívola. Un depredador con 30 años de experiencia ocupando cargos públicos —concejala en el Ayuntamiento de Madrid (1983-1996), Ministra de Educación y Cultura (1996-1999), Presidenta del Senado (1999-2002) y en la sede de la Puerta del Sol desde 2003— que se siente como en casa cuestionando en la Moncloa el modelo de las Autonomías o intercambiando andanadas en la arena regional. Quienes pensaban que Aguirre estaba a sus 60 años de retirada, de vuelta de todo lo que no sean sus nietos y el golf, cansada de figurar en la primera línea de choque de los populares, tocada por un cáncer de mama que la humanizó todavía más, se equivocaban. “Su vida es la política, es lo que le da sentido. Sin ella Esperanza no sería Esperanza”, la define el diputado regional Borja Sarasola, uno de los cachorros del PP con más proyección en el partido. “Es un animal político de los que no abundan”, reconoce el diputado socialista Antonio Carmona.

Mientras las Nuevas Generaciones del PP pillan callo y los más seniors van tomando posiciones a la espera de que llegue su momento, con Ignacio González como delfín y Cristina Cifuentes tomando posiciones desde la Delegación del Gobierno, la lideresa sigue marcando los tiempos. Alimentando los rumores, que no la descartan como candidata a la alcaldía de la capital en las elecciones de 2015. Jugueteando con el personal, colegiándose como abogada no ejerciente... Al final, ni lo uno ni lo otro. “Yo soy técnica de Información y Turismo del Estado y cuando deje la presidencia de la Comunidad de Madrid volveré a mis destinos en Turismo”, anunció el jueves Aguirre, licenciada en Derecho en 1974 por la Universidad Complutense.

Faltan muchas lunas para que llegue el momento. Presidenta regional del Partido Popular desde octubre de 2004, cuando batió a Manuel Cobo, el número dos de Alberto Ruiz-Gallardón, Aguirre se presentó a mediados de marzo por tercera vez al puesto. Nadie más lo hizo, aunque solo se necesitaban 90 avales para promover una lista alternativa. “Hombre, mejor no vamos a tentar a la suerte, ¡ja, ja, ja!”, fue la respuesta de Aguirre cuando le requirieron por si le habría gustado competir con otra candidatura. Fogueada en mil batallas, la presidenta popular será reelegida sin oposición en el congreso del próximo fin de semana. “Es un síntoma más de la derecha radical de Madrid, ortodoxa en lo religioso, en lo económico y en la tolerancia democrática”, reflexiona el secretario general del PSM, Tomás Gómez.

Con España en la diana de los mercados en la peor crisis desde la restauración de la democracia, Aguirre no se esconde. Donde otros responsables del PP suavizan su mensaje, la dirigente se presenta “sin complejos y sin rehuir el debate dialéctico”. “Me presento para trabajar por los madrileños y por España para que el Partido Popular no se resigne nunca, y quiera y sepa dar las batallas ideológicas contra los lugares comunes y ese alarde de la izquierda de superioridad moral”, viene argumentando ante los militantes y cargos populares desde hace semanas. Por algo hizo sus primeros pinitos en la Unión Liberal de Pedro Schwartz a principios de los años ochenta.

Esperanza Aguirre

Madrileña de 60 años, ha dedicado la mitad de su vida a la política, ejerciendo de concejala en el Ayuntamiento de Madrid, de Ministra de Educación y Ciencia y de Presidenta del Senado antes de coronarse hace nueve años al frente de la Comunidad.

Su trayectoria política se caracteriza por su defensa de las posiciones liberales. La Unión Liberal fue la formación que le abrió las puertas de la política en 1983.

Presidenta regional del PP desde 2004, es la única candidata en el Congreso del próximo fin de semana.

“Es una fundamentalista neoliberal y defiende sus argumentos y te combate los tuyos con entusiasmo”, cuenta Gregorio Gordo. El portavoz de Izquierda Unida en la Asamblea de Madrid no esconde “el trato cordial” pese a las extremas diferencias en las ideologías que ambos mantienen. Y apunta una de las claves de la forma de hacer política de la condesa consorte de Murillo y Grande de España: “Se hace la tonta pero tiene la hoja de ruta bien clara en la cabeza, y para sacarla adelante y salirse con la suya pasa por encima de quien sea”. Un estilo que el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, calificó como “thatcherismo cañí de las Vistillas”.

“Algo de razón hay en esas palabras porque Esperanza es un poco british. La capacidad que tiene de reírse de sí misma es una característica muy británica y muy poco habitual en España”, dice al respecto Regino García-Badell, el jefe de gabinete de Aguirre, a su servicio desde hace 16 años. “Y es una encajadora nata”, interviene Ignacio González; “es transparente y actúa movida por unos principios muy claros, pero cuando se equivoca es de las que rectifican”, añade el vicepresidente del Ejecutivo regional.

¿Y de las que perdonan? “No hay otro político nacional al que se le hayan dado más hostias, pero lo perdona todo. Su fair play si la pillan en un renuncio o para reconocer los aciertos de los rivales, y su facilidad innata para olvidar, para hacer borrón y cuenta nueva, no son corrientes”, apostilla García-Badell. Una habilidad que le lleva sin ningún rubor a robar las ideas de otras formaciones si le interesan, como reprochan en UPyD, donde se consideran con cierta sorna “el laboratorio de ideas del PP”. El último ejemplo, la propuesta de devolver las competencias en Educación, Sanidad y Justicia al Estado para estupor de Mariano Rajoy. “Más allá de eso es una muy buena parlamentaria, rápida en las respuestas, inteligente y orgullosa de ser de derechas… Aunque diga que es liberal, es muy conservadora, que no es lo mismo”, piensa Luis de Velasco, la voz del grupo magenta en el hemiciclo de Vallecas.

“Muy conservadora y muy improvisadora, a lo que saca provecho en la oratoria, donde es muy ágil. Pero muchas veces se nota que no lleva preparados los temas, que los desconoce... A cualquier otro le daría algo, pero ella ni se inmuta”, dice Rafael Simancas, víctima en 2003 del tamayazo y ahora diputado en el Congreso. En lo que Aguirre no improvisa es en su discurso ideológico y la defensa a ultranza “de los valores judeocristianos”. Nadie en el PP de Madrid se lo discute.

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