OPINIÓN

“Cara, monolingüe y nacionalista”

Lo que irrita de TV-3 al frente nacional español es que explique el mundo desde una perspectiva catalana

Así, con estos tres adjetivos, caracterizaba unas semanas atrás a la televisión pública catalana, a TV-3, el diario decano de la prensa española de extrema derecha. No cabe sorprenderse: en el marco de la ofensiva recentralizadora y antiautonomista que, bajo la coartada de la crisis, está lanzando el Gobierno del Partido Popular, es lógico que sus zapadores mediáticos procuren aplanarle el camino, señalarle objetivos y suministrarle argumentos. Ahora bien, cuando los argumentos son tan demagógicos, sesgados y falaces como en este caso, desenmascararlos constituye un imperativo de higiene democrática.

En cuanto al coste económico, los 378,5 millones de euros del presupuesto de TV-3 para 2012, ¿son mucho o poco, en comparación con los 219 millones de Canal Sur (que no tiene ninguna lengua propia que defender), o con los 131,8 millones de Telemadrid, televisión de una comunidad inventada cuya agenda informativa está generosamente atendida por todas las cadenas de ámbito estatal, públicas o privadas? ¿TV-3 es cara o barata, con relación a los 1.200 millones que, el año pasado, los contribuyentes le pagamos a escote a RTVE, independientemente de qué porcentaje de su programación —cada vez menos— emitía en la lengua propia de cada uno de esos contribuyentes?

No, lo que de TV-3 irrita al frente nacional español no es la factura, sino el hecho de que —como señaló en su día el presidente Maragall, para escándalo de unos cuantos hipócritas— una lengua es también una cosmovisión, y TV-3 explica el mundo desde una perspectiva catalana, y en esa medida constituye un modesto instrumento de construcción nacional. Mucho menos potente que Televisión Española, desde luego. ¿Ejemplos? Pese a que ya estábamos en crisis, me gustaría saber cuántos euros nos costó la cobertura de los triunfos de la Roja en el Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010 y cuántas horas de emisión les dedicó TVE. También, e incluso bajo los dramáticos recortes presupuestarios que está sufriendo, me agradaría conocer cuánto prevé gastarse la cadena pública estatal en la Eurocopa de Polonia y Ucrania del próximo verano, especialmente si la Roja hace un buen papel. Y bien, ¿no es todo esto puro dispendio patriótico-identitario, solo que español?

Luego está la cuestión de la supuesta falta de pluralismo ideológico en las tertulias y los debates de TV-3, presuntamente copados por opinadores “nacionalistas”. Puesto que no es un tema fácil de cuantificar en términos absolutos, acudiré a la memoria y a los ejemplos. A lo largo de la última década, que yo recuerde, han participado en los espacios de opinión de los medios de la Generalitat personas como el notario Pedro Lecuona; los periodistas Pablo Planas —hoy flamante director de COM Ràdio—, Francisco Marhuenda, Álex Salmon y, más recientemente, Sonia Doménech; los articulistas y opinadores Miquel Porta Perales y Juan Carlos Girauta; los catedráticos Montserrat Nebrera y Julio Añoveros…; profesionales a los que no cabría calificar de nacionalistas catalanes sin ofenderles gravemente, y de alguno de los cuales sostener que habla catalán provocaría estremecimientos en la tumba de Pompeu Fabra. En ocasión de debates específicos, TV-3 ha abierto sus estudios a defensores de tesis tan rematadamente hostiles a la opinión mayoritaria en Cataluña como Julio Ariza —presidente del Grupo Intereconomía— y Alfredo Urdaci, el ínclito director de informativos de TVE cuando Aznar tuvo mayoría absoluta, entre otros de perfil semejante.

Frente a esto, ¿cuántos independentistas catalanes, o siquiera nacionalistas, han sido invitados a exponer y debatir sus ideas en Torrespaña, ante una audiencia de alcance peninsular? Y Telemadrid, tan aficionada ella a sugerir boicoteos a productos catalanes, o a emitir reportajes sobre la persecución del castellano en Cataluña y otras psicofonías parecidas, ¿cuándo ha dado voz en su antena a quienes pudiesen rebatir o denunciar tales infundios?

O sea que los medios de comunicación más ideologizados, ultras y sectarios de Europa —compárenlos ustedes con Le Figaro, The Times o el Corriere della Sera— se erigen, frente a TV-3, en celadores de un pluralismo que ellos escarnecen cada día. Vivir para ver.

Joan B. Culla i Clarà es historiador.

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