OPINIÓN

La insumisión llama a su puerta

"Procede considerar el modelo de Islandia, sobre todo cuando los zorros que cuidan el gallinero se aprestan a desplumar más y con más brío"

Premiar la evasión de capitales con una amnistía fiscal es consecuente con un Gobierno, por así llamarlo, sometido a directrices externas, ideológicamente afines, mientras da la espalda y lo que cuelga a una ciudadanía cuya paciencia se agotará tan pronto aprecie la magnitud del estropicio. Es decir, a poco que las legiones de desocupados, desahuciados y desesperados, no necesariamente por este orden, racionalicen las medidas arbitradas para hacer frente a un desastre en cuyo origen y despelote poco o nada tuvieron que ver, más allá de depositar en la urna, de uvas a peras, un voto acaso equivocado. Eso de vivir por encima de las posibilidades y demás cuentos chinos, cuéntenselo a los saqueadores de Emarsa, al club Gürtel, al artífice del aeropuerto para peatones y conejos, a los afanadores de las visitas papales, a los influyentes empresarios de la corte, a la honorable sociedad del ladrillo y la hipoteca, a los responsables del hundimiento de las cajas de ahorro, a la pandilla de Ecclestone, a los dependientes de la fanfarria y a la nómina de figurantes de tanto esplendor de hojalata, incluyendo amigos y familiares. Todos impunes. Así las cosas, que nadie evoque los acontecimientos que cambiaron Islandia, porque les echarán mal de ojo. Lo de Islandia figura ya en las enciclopedias, aunque tanto los Gobiernos de la derecha ruin y mentirosa, como la socialdemocracia atolondrada huyen del modelo ártico como gato del agua. Los hay que a la primera mención, te saltan con el censo. Aducen que la isla donde juzgan y encarcelan a los delincuentes financieros y a sus Gobiernos cómplices tiene 331.000 habitantes. ¿Y qué? Pues que según la teoría fabricada para la ocasión, la democracia directa solo puede florecer en espacios demográficos reducidos. Preferiblemente en latitudes vikingas y que hablen islandés. Como proclamarlo puede ser excesivo, optan por la ocultación. Y a ver si los señoritos premian a la servidumbre.

Procede considerar el modelo de Islandia, sobre todo cuando los zorros que cuidan el gallinero se aprestan a desplumar más y con más brío. Se anuncian nuevos hachazos contra las prestaciones sociales, educación, privatización de empresas públicas, más recortes salariales, nuevos impuestos para las cada vez más escasas rentas del trabajo, aumentos de tasas y tributos indirectos, ni un recorte para la multinacional católica, y así sucesivamente hasta el fundido a negro y el hermanamiento del País Valenciano con las islas Alhucemas. En plena voladura de los consensos básicos, que se decía antes, todavía los hay que confían en restaurar los pedazos en lejanas citas electorales. La quincalla institucional produce estos efectos. A pie de calle, donde se cuece la indignación, la amnistía fiscal y lo que está por venir alimentan el germen de la insumisión y la protesta. Y en esta clase de revueltas, los manuales vienen en islandés.

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