Más de mil llantos por Iñigo

Familiares y amigos rinden homenaje al fallecido y acallan gritos y consignas

Un joven deposita una vela en el lugar donde cayó herido Iñigo Cabacas. / LUIS ALBERTO GARCÍA

Al filo del mediodía de ayer se confirmaba lo peor: Iñigo Cabacas, en coma desde el pasado jueves, fallecía de muerte cerebral. En las horas siguientes, amigos del joven, de 28 años, fueron llegando a cuentagotas al Hospital de Basurto, en Bilbao. La cuadrilla, unos treinta, los más cercanos, todos con las caras desencajadas por la impotencia de saber que la campaña de movilización puesta en marcha en las redes sociales para hacer justicia a su amigo llegaba tarde.

Uno de ellos, empleado del bar junto al que ocurrieron los hechos, se ofreció a ayudar en la organización a las siete de la tarde de un acto en homenaje a su memoria. Media hora antes, más de mil personas abarrotaban ya las inmediaciones de la callejuela donde se produjo el suceso, aún por esclarecer, en los disturbios tras el partido entre el Athletic y el Schalke.

La fotografía de Iñigo Cabacas que ayer presidió el acto en homenaje a su memoria

“No hay derecho. Iñigo, te tenemos en la memoria”, rezaba una pancarta con la foto del joven y la ermita de San Juan de Gaztelugatxe al fondo. En un ambiente solemne y emotivo, familiares y amigos realizaron una ofrenda floral sobre una bandera rojiblanca con la insignia de la peña Piratak del Athletic, a la que pertenecía el fallecido. Una de las amigas de Cabacas, con voz quebrada, pidió “15 minutos de silencio” y “absoluto respeto” a través de un improvisado sistema de megafonía.

El recogimiento se cumplió a rajatabla, apenas interrumpido por los sollozos ahogados de algunos de los asistentes más allegados, incapaces de contener la emoción. Dos de ellos llegaron a desvanecerse unos instantes, acusando la tensión acumulada tras los cuatro días en que Iñigo estuvo en coma, si bien fueron atendidos rápidamente.

“Hay mucha gente, ¿eh? Si él lo viera...”, decía uno de los amigos del fallecido

Al finalizar el cuarto de hora, la multitud prorrumpió en cerrados aplausos. Algunos espontáneos situados en la retaguardia se lanzaron a gritar “Herriak ez du barkatuko” (“El pueblo no lo perdonará”). La consigna clásica contra la represión policial no llegó a repetirse ni cuatro veces, ya que fue cortada de raíz por la misma joven que había hablado al principio: “Ni un grito, por favor, pedimos respeto”. Algunos miembros de la cuadrilla siguieron encendiendo velas mientras otros indicaban a los asistentes que se dispersasen con calma. “La familia no quiere broncas”, recalcaron.

La premisa se cumplió, pero los cientos de personas tardaron en dispersarse, gesto que fue muy apreciado por los amigos más íntimos de Iñigo. Algunos miraban la multitud con una leve sonrisa triste. “Hay mucha gente, ¿eh? Si él lo viera...”, decía uno. El tráfico en la calle de María Díez de Haro hubo de ser cortado más de 40 minutos.

Los amigos de Cabacas se fueron retirando, arropándose entre ellos, haciendo piña. “Vámonos a brindar por él”, murmuraba uno de los más afectados. Otro miembro de la cuadrilla, que rehusó dar su nombre, aseguró que convocarán inminentes concentraciones de repulsa por la “brutal acción policial”, tan pronto como se conozca el resultado de la autopsia.

 

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