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Madrid avanza a pedales hacia una normativa para la circulación de bicicletas

Los ciclistas se quejan de la falta de adecuación de las leyes a la realidad de la ciudad

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El padre ciclista, Oliver Green, pasea a sus hijas por Pozuelo.

“¿Soy un mal padre por llevar a mis hijas al colegio en bicicleta?”. Oliver Green frunce el entrecejo y cambia el rostro al recordar los reproches que vertió sobre él un policía municipal del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, el pasado 14 de marzo, por transportar en bici a sus dos pequeñas, de cinco y dos años. “El reglamento general de circulación de la Dirección General de Tráfico, en su artículo 12, prohíbe expresamente esta práctica”, esgrime el Ayuntamiento. Es cierto: el mencionado artículo no permite a una bicicleta uniplaza instalar más de una silla para transportar a un menor de siete años. A pesar de que el velocípedo de Green está diseñado para transportar hasta a tres personas, se llevó la multa. Este caso evidencia, según muchos usuarios, la falta de sintonía entre las leyes españolas de circulación vial y la realidad urbana de una ciudad como Madrid. Oliver Green, por ejemplo, adquirió en Alemania una bicicleta diseñada y homologada para transportar a dos niños, y en Madrid no puede usarla.

Era una mañana como otra cualquiera. Marina y Ágata se colocaron sus coloridos cascos para montarse en la flamante bicicleta verde conducida por su padre. Recorrieron tranquilamente las calles de Pozuelo hasta llegar al colegio. A la vuelta, un policía vestido de paisano y un coche pararon a Green y le pidieron la “ficha técnica del vehículo”. “Un documento que ni existe y que, en todo caso, el ciclista no tiene obligación de llevar”, matiza Green. Hay más casos en los que agentes municipales exhiben su desconocimiento de las normas relativas a la movilidad de los ciclistas.

El pasado 29 de marzo un grupo de policías de la capital dio un toque de atención a Josu Pérez por circular por la calzada de la calle Alcalá. “Los agentes nos dijeron que debíamos ir por la acera; algo que va contra la ordenanza municipal. Existe un descontrol abismal sobre los derechos y obligaciones del ciclista”, cuenta. Su experiencia resume el complejo marco legislativo que rige la movilidad a dos ruedas, con dos vertientes: la norma estatal, definida en el reglamento de la DGT, y las ordenanzas municipales, que regulan los usos de las vías urbanas.

Por ejemplo, si Green quisiera trasladarse de Pozuelo a Madrid para pasear en bici, tendría que estudiarse con anterioridad la ordenanza de la capital, según recoge el Real Decreto sobre tráfico 339/1990. “Es muy complejo para el usuario estar atento no solo a las normas de tu ciudad, sino también a las de los otros municipios”, lamenta José Manuel de la Rosa, miembro del club cicloturista Pueblo Nuevo.

Josu Pérez recorre la capital a dos ruedas desde 1992. Conoce bien las normas. A pesar de ello, fue amonestado por pedalear en una entrada a la M-30, a la altura de O’Donnell. “Evidentemente no puedo circular por esa zona; asumo el castigo. El agente me dijo que me llegaría una carta y que la cuantía sería de unos 300 euros. Y eso me parece excesivo”, concluye. La bicicleta para todos los efectos es un vehículo, por lo que se le aplican las mismas sanciones que a un coche. Saltarse un semáforo en rojo, por ejemplo, cuesta 200 euros. Esa multa fue la que impusieron a un joven hace dos semanas. Circulaba con su bicicleta por la acera y, al cruzar junto a un grupo de peatones un paso de cebra, obvió la señal luminosa. Le cazaron. A los viandantes no les dijeron nada.

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Carril bici de Pozuelo que finaliza en un muro.

“No se puede tratar a los ciclistas como si fuéramos automóviles. Somos un vehículo, pero no un coche. Necesitamos unas leyes que nos protejan y que impongan sanciones con mesura”, agrega Marisol Otero, presidenta de la confederación de empresarios madrileños de la bicicleta. Según Aalto, del blog En bici por Madrid, la premisa de los agentes no es la de sancionar sino la de advertir a los ciclistas, para que no se transmita una idea de impunidad total. “Te multan si haces una burrada”, añade. El número de sanciones impuestas a usuarios del pedal se desconoce. A diferencia de otros Consistorios, como Barcelona o Sevilla, Madrid no publica el registro de multas.

“España lleva un retraso con respecto al resto de los países europeos en la regulación de la movilidad ciclista”, sentencia el abogado experto en seguridad vial Alfonso Triviño. “La clave es que el reglamento se ha quedado obsoleto, y hay que modificarlo cuanto antes. Cada vez hay más bicis por la ciudad y las normas que regulan su circulación, en ocasiones, no tienen sentido”, agrega.

Durante el mandato de Pere Navarro al frente de la DGT, varias asociaciones de ciclistas elaboraron un borrador para modificar la norma. Nunca se llegó a aprobar. Ahora, con el nuevo Gobierno, la negociación está en punto muerto. “Empezamos de cero”, puntualiza Juan Merallo, representante de Conbici y perteneciente al colectivo Pedalibre.

Desde la agrupación se asesoraba al Ayuntamiento de Madrid en temas de movilidad. Tras la última modificación de la ordenanza municipal que afecta al tráfico, Pedalibre rompió relaciones con el Consistorio “al considerar que la normativa arrinconaba a la bicicleta”. La Asociación de Ciclistas Profesionales también se muestra crítica con esta normativa. “En Madrid nos obligan, por ejemplo, a circular expresamente por el carril de la derecha, lo que no tiene mucho sentido. Si el reglamento nos considera un vehículo más, ¿por qué no podemos circular como tal?”, lamenta Alfonso Triviño. Debido al descontento de los pedaleantes, fuentes del equipo de Gobierno de Ana Botella han reconocido a este periódico que se está fraguando un nuevo cambio en dicha norma.

José Miguel González lleva un tiempo preocupado. Vive en el barrio de Malasaña y las últimas semanas ha visto varios carteles con el siguiente texto: “Según la ordenanza de movilidad para la ciudad de Madrid está prohibido anclar vehículos a árboles, otros elementos vegetales o mobiliario urbano no destinado al efecto. Se le avisa que retire su vehículo o se procederá a realizar las gestiones oportunas”. Esos trámites implican la incautación de la bici. “Nos prohíben aparcar en las farolas, pero en todo el barrio no hay ni un aparcabicis”, se queja. Para un 42,6% de los usuarios de la bici, es un problema que no haya aparcamientos específicos, según el Barómetro de la Bici de 2011 publicado por la DGT. En la capital hay unas 1.167 plazas. Insuficientes para usuarios y varios colectivos. “Algunos de los aparcamientos están instalados sobre arena; lo cierto es que no transmiten ningún tipo de seguridad”, explica Merallo. “De esta manera se roban más bicicletas que churros”, añade el abogado Triviño. A un 17,4% de los ciclistas españoles le han robado la bicicleta alguna vez, según el citado barómetro.

Puede que dentro de un tiempo el publicista inglés Oliver Green pueda llevar a sus dos hijas sin problemas en bici al colegio. Por ahora, se enfrenta a una sanción económica. “Y a una amenaza”, añade. “Los agentes me advirtieron de que podrían denunciarme a los servicios sociales del Ayuntamiento por irresponsable”. El Consistorio, por su parte, lo niega. Pero no piensa retirar la denuncia.

Carriles bici no aptos para ciclistas

M.H./P. L.


Cuando Oliver Green, de 36 años, recorre los dos kilómetros que separan su casa del colegio donde estudian sus hijas, en Pozuelo de Alarcón, evita circular por uno de los carriles bici que se encuentra en las inmediaciones del colegio. La razón es que finaliza, literalmente, frente a un muro. Por su seguridad, a lo largo de su recorrido diario en algunos tramos el ciclista se ve obligado a pedalear por la zona reservada a los viandantes. “Deberíamos poseer una infraestructura para no compartir espacio con los peatones”, defiende Green. Cuando bicicletas y transeúntes se ven obligados a compartir la vía, la situación acaba degenerando en conflicto.

Un problema que cada día se repite en Madrid. Algunos de los trazados por los que discurren los 272 kilómetros de carriles bici que se han construido en la capital —110 de ellos fuera de la almendra central y de escasa relevancia para la movilidad urbana— son fuente de confrontación y no tienen sentido, según diversas asociaciones probici y usuarios urbanos.

“Entiendo que [los carriles proyectados] no están bien porque generan problemas entre peatones y ciclistas; se debe quitar espacio a los coches y no a los peatones. No quiero criticar lo que han hecho con buenas intenciones pero se han equivocado en el diseño”, explica Belén Moneo, arquitecta y activista de Madrid en Bici.

El nuevo carril-bici Alcalá-Mayor, de 4,5 kilómetros, y que discurrirá por la calzada, cuenta con una inversión de 610.000 euros. El proyecto estrella para la bici del Ayuntamiento permitirá cruzar la ciudad a pedales de este a oeste sin robar espacio a los peatones. Un cambio de rumbo con respecto a las problemáticas aceras-bici construidas anteriormente.

“No vale la pena gastarse tanto dinero en carriles si no funcionan bien”, afirma Miguel González, portavoz de la asociación de ciclistas urbanos Pedalibre, que se queja de la falta de conexión del carril-bici de la avenida de Arcentales, en el distrito de Canillejas. “El carril debería tener continuidad con el de Parque del Paraíso, situado al cruzar la carretera de Canillejas a Vicálvaro. Sin embargo, tenemos que atravesarla como podemos”, explica. Para el abogado Alfonso Triviño la ineficacia de algunas de estas vías dificulta su uso por parte de los más pequeños.

Un poco más adelante, en la calle de O’Donnell, la situación no es mucho mejor. El carril discurre por la acera y solo el color rojo de su pavimento lo diferencia de la zona peatonal. “Además de los agujeros que presenta, al circular por él se cruza gente todo el rato. Es más cómodo y rápido conducir por la calzada”, asegura un usuario. Un sábado a las ocho de la mañana Raúl circulaba por el carril-bus de dicha calle. Una práctica prohibida y que le valió el alto de un coche patrulla. “No puedes entorpecer el paso de los autobuses”, le espetaron los agentes mientras le imponían una sanción de 90 euros. “Es más cómodo circular por la calzada que por el carril”, añade Moneo. “Y en Serrano pasa lo mismo”.

La acera-bici del barrio de Salamanca es uno de los trazados más polémicos. Discurre íntegramente por la zona peatonal; motos y coches aparcan sobre ella; los peatones lo invaden continuamente y varios contenedores de residuos de obra se han instalado en la vía.

Hace una semana Green declaró que le encantaría ayudar al Consistorio para la mejora de la movilidad ciclista en Pozuelo. El lunes pasado, después de toda la polémica y con la denuncia aún vigente, el Ayuntamiento se puso en contacto con él para hablar sobre estos temas.