“Deberían haber avisado, porque a los parques vamos todos”

Un bebé de un año, entre los casos más graves del brote de leishmaniasis en Fuenlabrada

Rocío, con su hijo Víctor en brazos. / SAMUEL SÁNCHEZ

Los paseos en casa de Rocío, de 31 años, y de Roberto, de 32, no han vuelto a ser iguales. Ahora evitan llevar a sus hijos a determinados parques de Fuenlabrada, donde viven, y cuentan que este verano no saldrán de casa sin repelente de insectos. Nunca habían oído hablar de una enfermedad llamada leishmaniasis hasta que, en diciembre pasado, los médicos diagnosticaron la fiebre alta y la inflamación del hígado de Víctor, que entonces tenía nueve meses. Era leishmaniasis visceral, les dijeron, y se la había transmitido la picadura de un insecto llamado flebotomo, silencioso y más pequeño que un mosquito. Fue entonces cuando supieron que su ciudad sufría un brote de esta enfermedad desde julio de 2009 que ya había dejado cerca de 200 casos.

Víctor aún tiene que ir al pediatra a revisión por las secuelas de la infección, pero su madre cuenta que se ha recuperado muy bien. Su caso, sin embargo, ha sido uno de los más graves. El pequeño estuvo ingresado en dos hospitales diferentes durante un mes y pasó una semana en la UCI pediátrica del 12 de Octubre porque empezaba a fallarle el hígado. Sus padres recuerdan que pasaron mucho miedo: “Hubo momentos en que no sabía si me lo iba a traer a casa”, dice Rocío. “Estuvo siete días en la UCI sangrando por la sonda. Ha pasado mucho. Le pilló muy pequeñito y tardaron en diagnosticarle”.

El único síntoma del que se percataron los padres fue la fiebre alta. El 25 de noviembre llevaron a Víctor a las urgencias del hospital de Fuenlabrada. Llevaba todo el día con 38,5 grados. Cuatro días después volvieron porque la fiebre alta no remitía. Además, tenía el hígado y el bazo inflamados, según el parte médico. Se quedó ingresado. “Creían que era algo vírico, como una hepatitis leve”, relata Rocío. No comía y la fiebre no le bajaba. El domingo 4 “empezaron a pensar que podía ser leishmaniasis”. El lunes le hicieron un análisis, que dio negativo. El martes, 5 de diciembre, era fiesta. “Pero el médico se encabezonó con que tenía que ser eso y le repitió el análisis”, continúa. Con la sospecha casi confirmada, lo derivaron al 12 de Octubre para ratificar el diagnóstico con un análisis de médula ósea que, según les dijeron, no se hace en Fuenlabrada.

“Tardaron ocho días en diagnosticarle”, resume Rocío. Pese a que le trasladaron de urgencias por la noche, al día siguiente tampoco le hicieron la punción. El jueves 8 era festivo de nuevo. La programaron para el 9, pero Víctor empeoró y lo ingresaron en la UCI. “Al final se la hicieron de urgencia de madrugada”. La leishmaniasis le había provocado un síndrome hemofagocítico, un trastorno poco frecuente que supone, entre otras cosas, problemas de coagulación y puede afectar al riñón y al pulmón. “Le tuvieron que hacer varias transfusiones de sangre y de plasma” relata su madre. Finalmente, empezaron a medicarle para leishmaniasis “sin haberlo confirmado por médula”.

La familia pasó la Nochebuena en el 12 de Octubre. A Víctor le dieron el alta el 29 de diciembre. Rocío relata que los médicos de este hospital les contaron que habían visto muchos casos remitidos desde Fuenlabrada y que aparecían desde 2009. El brote parecía estar localizado en tres parques de Fuenlabrada, según el cuestionario que les hizo el Departamento de Infecciosas del centro: La Paz, Solidaridad y Bosquesur. “Por los tres hemos paseado”, afirma.

Con Víctor ya recuperado, sus padres empezaron a hablar con amigos y vecinos. La hermana de una compañera de la guardería también había padecido leishmaniasis, pero de otro tipo, cutánea, más leve. Un amigo de piscina de su hermano mayor, de cuatro años, también. Rocío presentó una queja en el Ayuntamiento de Fuenlabrada (PSOE-IU). “Por favor, hagan algo, fumiguen en estas zonas”, les pedía. La respuesta es descorazonadora: “Efectivamente, la información que nos transmite sobre el aumento de los casos de leishmaniasis en nuestro municipio es realidad”, admite.

Y asegura haber publicado en la revista municipal consejos para evitar picaduras de mosquitos. Esa publicación no menciona la leishmaniasis. La respuesta de la Consejería de Sanidad fue por teléfono. Afirma que dijeron no haber alertado a los ciudadanos para “no alarmar”, pero que existía un protocolo de actuación. “Con mi hijo no lo hubo”, dice Rocío, que no entiende la falta de información. “Les pregunté si estaban esperando a que hubiese alguna víctima para hacer algo”, añade. “Deberían haber avisado. No solo a los dueños de los perros. A todos. A los parques vamos todos”.

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Redactora de Sanidad y Medio Ambiente

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