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Elecciones Andaluzas 2012

Algo falla en el instituto

Andalucía arrastra una tasa del 34,7% de abandono educativo temprano

El reto es mejorar el rendimiento en secundaria, que es más bajo que en los colegios

Alumnos realizan una prueba de acceso a la Universidad.

Las señales están ahí, en las distintas evaluaciones a las que se somete el sistema andaluz de enseñanza. El rendimiento de los estudiantes de los institutos es peor que el de los alumnos en los colegios. La última consecuencia de esta situación lleva a que Andalucía sea la tercera comunidad autónoma con mayor tasa de abandono educativo temprano de todo el Estado. Este índice es el porcentaje de población de 18 a 24 años que no ha completado la ESO y no sigue estudiando. La media española de abandono en 2010 —el año analizado por el ministerio— era del 28,4. La de Andalucía estaba en el 34,7. El sistema funciona como una cadena: esos chicos que salen de las aulas sin titulación son los que luego lo tienen más complicado para encontrar un empleo al entrar en el mercado laboral.

Pero volvamos al principio de esta historia, a primaria. Los colegios andaluces logran mejores resultados que los institutos. Eso es lo que indica la última evaluación de diagnóstico realizada por la Consejería de Educación, en la que se examinó a casi 180.000 alumnos de cuarto de primaria y segundo de secundaria sobre cuatro competencias básicas: razonamiento matemático, comunicación lingüística, social y ciudadana e idioma extranjero. En este informe se resalta que el 19,4% del alumnado de ESO está en los niveles más bajos de rendimiento, lo que puede poner en peligro su “formación posterior, la vida laboral y el ejercicio de la ciudadanía”. Sin embargo, solo el 9,6% de los chicos de primaria examinados se sitúa entre los niveles más bajos, es decir, la mitad que en los institutos.

Los especialistas e investigadores suelen destacar que lo más influye a la hora de determinar los resultados de los alumnos es su entorno. Este fenómeno se analiza a través del índice de estatus social, económico y cultural, conocido como ISEC. “Lo que miden realmente las distintas pruebas de evaluación es a la propia sociedad”, resume Fernando Trujillo, profesor de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Granada.

Andalucía y Canarias son las comunidades autónomas con el ISEC más bajo de todo el Estado, lo que determina los resultados de los alumnos en distintas pruebas de evaluación, como el famoso informe PISA, que examina a los chicos de 15 años que estudian en los institutos. Pero este círculo vicioso (el entorno condiciona el rendimiento del alumno) se puede romper. De hecho, Andalucía lo rompe. Pero, de nuevo, solo en primaria. En la última evaluación general de diagnóstico que el Ministerio de Educación realizó de esa etapa se señala que los alumnos de los colegios andaluces logran un “rendimiento promedio” en todas las competencias “mayor que el que les correspondería por su ISEC promedio”. Cuando se descuenta ese índice, los resultados de Andalucía están incluso por encima de la media nacional.

Sin embargo, este fenómeno no se observa en la última evaluación general de diagnóstico que el ministerio hizo de secundaria. Al descontar el ISEC, el rendimiento de los alumnos no es mayor de lo que les correspondería.

¿Qué es lo que está fallando en los institutos? “Los déficit de aprendizaje son acumulativos y afloran en secundaria”, opina Javier Gil Flores, catedrático de la facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla y experto en evaluación y diagnóstico. A este primer factor habría que añadir la edad de los alumnos. “A los 14, 15 y 16 años se atraviesa una de las etapas más complejas de la persona”, apunta Manuel Torralbo, profesor de la Universidad de Córdoba y director de la Sociedad Andaluza de Matemáticas Thales.

El sistema ha generado durante décadas una peligrosa paradoja: los encargados de la educación de los alumnos más complicados son los profesores con menor preparación desde el punto de vista pedagógico. Mientras los maestros de los colegios reciben una formación universitaria especifica en las facultades de Educación, los profesores de secundaria provienen de distintas licenciaturas o grados cuyos planes no están enfocados hacia la docencia. “Hay que saber tratar a los alumnos adolescentes y los profesores que les están enseñando no han tenido la formación docente de los maestros”, resume Torralbo. Este problema es común en todo el Estado. Pero no en todos los países de la OCDE se da. “En algunos países hay una orientación hacia la docencia ya en las distintas carreras de la Universidad, unos itinerarios”, señala Gil Flores.

Hasta hace poco tiempo, los profesores de instituto solo recibían como formación docente lo que se les enseñaba en el antiguo Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), que podía superarse sin mucho esfuerzo en tres meses. Consciente de este déficit pedagógico, el Gobierno puso en marcha en 2009 el máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria, cuya duración es de un año y es un requisito obligatorio para ejercer. “El máster ha mejorado lo que teníamos, mejora sensiblemente la formación”, opina Torralbo. “Pero tampoco se ha resuelto bien la situación, solo hay tres semanas de prácticas en los institutos”, añade Carmen Lázaro, directora del IES Ítaca, un centro de nueva creación de Tomares (Sevilla) que sigue un novedoso modelo por el que las materias se han integrado en ámbitos de conocimiento.

Según Lázaro, otro de los problemas fundamentales de secundaria es el modelo docente, que está “heredado del antiguo Bachillerato”. “Cuando los alumnos llegan al instituto se encuentran con muchísimas materias y con profesores que dan las clases de forma casi magistral (...) Están seis horas sentados en una mesa escuchando, sin participar”. Pero ese sistema se puede romper y este instituto sevillano lo está intentando. Con la aprobación de la Ley de Educación de Andalucía en 2007 y los distintos reglamentos de organización de centros se profundizó en la autonomía de los colegios e institutos. “Tenemos una legislación muy avanzada en Andalucía que permite hacer muchas cosas, pero hay que querer aprovecharla”, añade Lázaro. Esta directora reconoce que en su instituto están innovando gracias a que se creó hace solo dos años: “En otro centro seguramente me hubiera estrellado”.

Los expertos consultados señalan otra clave para entender la situación en los institutos: la vocación de los docentes. Cuando un joven decide estudiar en la facultad de Ciencias de la Educación tiene claro que será maestro y que se dedicará a la docencia en un colegio. No ocurre lo mismo en secundaria, donde los profesores proceden de licenciaturas o grados dispares y la enseñanza es una segunda elección en la mayoría de los casos. “Cuando yo estudie matemáticas no pensaba en que iba a ser profesor”, reconoce Torralbo. “Falla la vocación”, opina Gil Flores, quien pone un ejemplo: “Soy profesor del máster de secundaria y me he sorprendido al encontrar en mi grupo a arquitectos y médicos”. Este catedrático cree que hay que hacer que la educación sea una profesión atractiva donde acaben los mejores. El camino a seguir sería Finlandia, donde la docencia está “muy bien valorada y, entre otras cosas, muy bien remunerada”, afirma Gil Flores.

Equidad y crisis económica

“El principal logro en estos últimos 20 años del sistema andaluz es la equidad”, resume Javier Gil Flores, catedrático de la facultad de la Universidad de Sevilla y miembro del comité científico de la Agencia de Evaluación Educativa. El siguiente reto era mejorar los rendimientos. Cuando se aprobó la Ley de Educación de Andalucía en 2007 se trazó una hoja de ruta, a través de una memoria económica, cuyo objetivo era precisamente ese: la mejora del sistema. Pero la crisis ha provocado que algunas medidas no se hayan completado. Un buen ejemplo es la incorporación de los 15.000 nuevos docentes durante esta legislatura. Finalmente, se ha conseguido llegar solo a los 7.000. Con todo, una de las claves de estos dos últimos años ha sido la defensa que ha hecho la Consejería de Educación, primero ante el Gobierno central socialista y ahora ante el Ejecutivo popular, de las oposiciones para dar estabilidad a las plantillas docentes.

El presupuesto destinado en España a la enseñanza ha caído en dos años un 6,3%. Los recortes han tenido menor impacto en Andalucía. La Junta ha mantenido las partidas dedicadas a la enseñanza obligatoria y superior en los últimos presupuestos, donde esta inversión crece un 2,5%. Pero ese crecimiento es posible que, al final de este ejercicio, se diluya por los recortes que ya se empiezan a aplicar y los que vendrán tras las elecciones. Entre las promesas cumplidas en esta legislatura están la puesta en marcha de 100.000 plazas de guardería, la implantación de las nuevas tecnologías, nuevas becas y la aplicación del modelo de financiación por el que las universidades reciben el 1,5% del PIB andaluz a precios de mercado. Pero también se han quedado otras por el camino como llegar a los 1.200 centros bilingües, solo se han conseguido incorporar unos 800, o la incorporación de los 15.000 profesores y maestros nuevos.