La “ciudad amable” para peatones y ciclistas se queda sin presupuesto

Botella congela durante dos años las peatonalizaciones del Plan de Calidad del Aire

Descarta segregar con señales horizontales a peatones y ciclistas en Madrid Río

Nueva señalización vertical en Madrid Río. / SAMUEL SÁNCHEZ

La falta de presupuesto municipal por la crisis y las fuertes inversiones en infraestructuras aún sin pagar de años anteriores ha llevado al Ayuntamiento de Madrid a congelar su política de peatonalizaciones en el centro, uno de los estandartes del anterior alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, y de la actual, Ana Botella (ambos del PP). Al menos hasta el año que viene, no se acometerán nuevas acciones, aunque se hayan vendido a la Unión Europea para evitar sanciones por la alta contaminación. Esa falta de dinero ha afectado también a las iniciativas para fomentar el uso de la bicicleta. El mejor ejemplo en este sentido es la falta de soluciones a los problemas en Madrid Río.

Los ideales políticos y las promesas electorales suelen viajar sobre palabras hermosas. El papel es generoso y permisivo. Sobre todo, porque folios y tinta son ingredientes baratos. El PP concurrió a las elecciones municipales de mayo de 2011 con un programa etéreo, trufado de buenas intenciones pero con muy pocas iniciativas concretas. El entonces alcalde y hoy ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, era consciente, sin duda, de que tanto la penosa situación económica (con una caída continuada de ingresos debida a la crisis que se inició en 2008 y aún sigue) como las apreturas para pagar las ambiciosas infraestructuras de sus ocho años anteriores de mandato (enterrar la M-30 bajo un parque, mudar la sede municipal al Palacio de Cibeles, construir la Caja Mágica, etcétera), iban a aparcar los proyectos caros e incluso muchos de los baratos en un cajón hasta tiempos mejores.

Así ha sido. Tras siete meses en los que el futuro político del alcalde y la proximidad de las elecciones generales de noviembre ralentizaron al máximo la actividad municipal, la nueva regidora, Ana Botella, se encontró en diciembre con un margen de maniobra angosto que, desde entonces, no ha dejado de estrecharse. Las previsiones sobre las que el equipo de Gallardón tejió los presupuestos para este año fueron a todas luces demasiado optimistas, y ahora, con el país hundido en su segunda recesión en apenas tres años, Botella ha optado por realizar una serie de recortes preventivos ante lo que pueda estar por venir.

Estos recortes, en forma de una congelación de gasto de 128 millones “casi definitiva” (equivalente al 7,25% del gasto total en bienes y servicios), aún no han sido pormenorizados por el Ayuntamiento, aunque ya se conoce que afectan a partidas de gasto social y de fomento del empleo. Pero desde su anuncio, en enero, casi no hay día en el que a alguna de las iniciativas municipales le desaparezca la tierra bajo los pies por falta de dinero. Esta mañana, sin ir más lejos, le ha tocado al que fue uno de los puntales del proyecto político del anterior alcalde y de la propia Botella (que entre 2007 y 2011 fue concejal de Medio Ambiente y, desde junio pasado, también de Movilidad).

Un año al menos sin peatonalizaciones

“Debemos seguir trabajando por una ciudad con más espacio para el peatón. Concurrimos a las elecciones con el proyecto de peatonalizar algunas zonas más, por ejemplo en el barrio de Justicia, pero ahora no lo vamos a hacer porque tiene un coste que no nos podemos permitir. Pero el futuro es ir a una ciudad con más espacio para el peatón”, ha dicho esta mañana Botella, en una entrevista en la cadena Cope.

Las peatonalizaciones, aparte de ser un puntal de la idea de ciudad de Botella y Gallardón, y una promesa electoral, también forman parte del compromiso adquirido por el Ayuntamiento con la Unión Europea para obtener una prórroga de cinco años que permita a la capital cumplir con los niveles de contaminación exigidos, que a día de hoy y desde hace años se sobrepasan en lo que se refiere a óxidos nitrosos (debidos principalmente al tráfico, y en concreto a los vehículos diesel). Figura en el Plan de Calidad del Aire, aprobado hace unas semanas por el Gobierno local y ahora en fase de alegaciones públicas previa a su visto bueno definitivo.

Este plan, que comprende unas 70 medidas a realizar entre 2012 y 2015, incluye un escenario de peatonalizaciones con un presupuesto estimado de 1,25 millones de euros para ese periodo. Prometía 0,7 hectáreas más de espacios peatonales: “Tras los oportunos estudios de viabilidad, en los próximos años se llevaran a cabo los proyectos de peatonalización en calles que, por su ubicación y elevada incidencia de acceso comercial y cultural pueden resultar claramente beneficiadas, como es el caso de Carretas, Cava de San Miguel, Travesía del Arenal, plaza de Celenque o el entorno de Conde Duque”.

Avanzada ya la tarde, el delegado de Medio Ambiente, Movilidad y Seguridad, Antonio de Guindos, ha abundado en esta cuestión en una entrevista en Onda Cero: “En nuestro Plan de Calidad del Aire había peatonalizaciones previstas pero de momento no se van a abordar, son muy caras. El presupuesto en este ejercicio y previsiblemente en el siguiente no permitirán hacer frente [a este gasto]”.

Las Áreas de Prioridad Residencial, en peligro

Según vende el Ayuntamiento en el propio plan, entre 2006 y 2010 se ha incrementado la superficie hurtada a los coches en el centro de la ciudad en un 32,7%, pasando de 10,3 a 14 hectáreas. Se refiere a acciones como las llevadas a cabo en las calles Arenal, Fuencarral, Huertas y Serrano, y en las plazas de Ópera, Callao y Sol, por ejemplo. No se incluye en este cálculo Madrid Río, el parque que cubre ahora la M-30 en buena parte de la ribera urbana del Manzanares, ni las 155 hectáreas de las áreas de prioridad residencial (APR).

La alcaldesa se ha referido también esta mañana a las APR, defendiendo su valor a la hora de reducir el tráfico privado en la capital (son zonas en las que sólo pueden circular los vecinos y el transporte público). No ha explicado, sin embargo, que el Ayuntamiento también ha dejado en el aire la ampliación de áreas prometida en el programa electoral. Según aseguró el vicealcalde, Miguel Ángel Villanueva, a EL PAÍS hace unas semanas, las tres nuevas ya anunciadas (Justicia, Ópera y Universidad) están pendientes de disponibilidad presupuestaria. Cada una de ellas cuesta cuatro millones de euros. Por ello, el Gobierno municipal está incluso barajando nuevas fórmulas que, por ejemplo, eviten el fuerte desembolso en cámaras de seguridad (para que aquellos que invaden esas zonas sean multados), pudiendo dejar en manos de la policía municipal su vigilancia.

Un nuevo carril bici a final de año

La apuesta de Botella por la bicicleta como medio de transporte alternativo (para desahogar el tráfico y reducir la contaminación) también se está viendo afectada por el agujero presupuestario, aunque en este caso concurren también otros factores. Hoy la alcaldesa ha vuelto a publicitar su intención de construir una conexión ciclista entre Madrid Río y O’Donell, que complemente el anillo existente (64 kilómetros, sobre un total de la red ciclista de 208) con una vía a través del centro de la ciudad. Las obras se iniciarán previsiblemente en junio o julio de este año, estarán listas en cuatro meses y costarán 610.000 euros.

La vía, de 4,5 kilómetros de longitud, discurrirá desde el puente de Segovia como carril bici, y subirá por la calle de Segovia y la cuesta de la Vega, con dos itinerarios que confluyan en la calle Mayor. El primer tramo de esta, entre la Capitanía General y el mercado de San Miguel, se convertirá en ciclocalle, es decir, las bicis compartirán espacio con los coches, que sólo podrán circular a un máximo de 30 kilómetros por hora. A partir del mercado, a la ciclocalle se le añadirá además un carril-bici demarcado. Ese carril atravesará luego la calle Alcalá hasta O’Donell (que ya no será ciclocalle). En su parte más problemática (porque obliga a cambiar las paradas del autobús), entre Sevilla y Cibeles, este carril será de doble sentido.

Madrid Río, sin señales divisorias de pintura

La alcaldesa ha visitado esta mañana el tramo de Madrid Río entre la glorieta de San Vicente y el puente de Segovia para publicitar las señales verticales colocadas en el carril-bici cada 200 metros con el fin de indicar a los ciclistas que la prioridad es de los peatones. Además, ha difundido un mapa-guía con consejos para ciclistas, del que se editarán 25.000 ejemplares. La difícil convivencia entre ciclistas y peatones en este tramo de senda ciclable ha sido y es un constante dolor de cabeza para el Ayuntamiento. El pasado verano decidió obligar a los ciclistas a reducir su velocidad a seis kilómetros por hora para evitar atropellos en un área cuajada durante los fines de semana de niños, ancianos y personas distraídas. Hoy reconoce que es una medida absurda, puesto que a esa velocidad (la de un peatón caminando) la bicicleta apenas se sostiene en pie.

El Ayuntamiento siempre ha declinado segregar a las bicicletas por un carril independiente al considerarlo más inseguro, especialmente para los niños, y por una cuestión de espacio: en algunas zonas, el parque es demasiado estrecho para que quepan dos vías diferenciadas. El pasado 28 de febrero, la alcaldesa anunció en la cadena SER que la senda se dividiría en dos, para peatones y ciclistas, con señales de pintura en el suelo. Hoy, los responsables municipales han reconocido que no será posible, porque tampoco hay espacio para ello.

Las posibles soluciones en Madrid Río

La directora general de Sostenibilidad, Elisa Barahona, ha admitido hoy a EL PAÍS que no se trata de una solución viable, y ha añadido que esta misma semana ha iniciado los trabajos con los arquitectos de Madrid-Río para resolver el problema. Uno de ellos, Fernando Porras, ha aclarado a este diario que el problema nace de no haberse tenido en cuenta la diferencia entre la afluencia de público en días laborables y en fines de semana. La senda ciclable se pensó para que los ciudadanos pudieran ir a trabajar en bicicleta, pero los fines de semana muere de éxito, como él mismo ha reconocido, ante las multitudes que disfrutan de este espacio.

El arquitecto ha avanzado que se estudian posibles soluciones como delimitar otro carril en la otra ribera del Manzanares o emplear las calles adyacentes para desviar en algunos tramos a los ciclistas deportivos que quieran circular a mayor velocidad. Justo en ese sentido iba la medida propuesta hace meses por el colectivo En bici por Madrid: “Existe una calle paralela en la orilla norte de doble sentido y otra de sentido único al sur, sin apenas tráfico los fines de semana, que es cuando existe el conflicto. Una acción barata sería señalar la existencia de estos itinerarios alternativos para los ciclistas más veloces, quedando así el río para los que realmente van despacio”.

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