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Cultura prohíbe la salida de España del forjado de Gaudí de la Sagrada Familia

La subasta de la pieza, valorada en 120.000 euros, ha quedado desierta

El veto ministerial llevó a los coleccionistas extranjeros a retirarse

Tapa de hierro forjado que creó Gaudí para el pozo de la Sagrada Familia.
Tapa de hierro forjado que creó Gaudí para el pozo de la Sagrada Familia.

Era la pieza estrella de la subasta de esta semana en la sala Balclis y, al menos por su historia, una de las obras más excepcionales puestas a la venta en los últimos años: la tapa creada por Antoni Gaudí en 1911 para proteger el pozo de la Sagrada Familia. Un enorme hierro de forma orgánica de 112 centímetros de diámetro y 50 de altura que, visto sin escala, parece una joya dispuesta a ser prendida en cualquier parte del cuerpo. Un trozo irrepetible del modernismo catalán, valorado en 120.000 euros, al que un herrero, Gerard Alegre, puso a salvo en su casa cuando al estallar la Guerra Civil, en 1936, las obras en el templo quedaron abandonadas y la pieza corría el riesgo de acabar destrozada o fundida.

La subasta en la que la pieza reaparecía tras más de siete décadas oculta acabó, sin embargo, en decepción. Nadie pujó por ella y no fue porque hubiera dudas sobre su calidad o autenticidad, sino porque los principales interesados, inversores y coleccionistas extranjeros, se toparon con la prohibición del Ministerio de Cultura de que la pieza saliera de España. “Varios clientes internacionales habían mostrado su interés por la pieza, sobre todo japoneses. Pero al enterarse de que no podían llevársela a su país, se echaron atrás”, asegura Enric Carranco, experto en pintura de la sala Balclis.

Tras un lote de pinturas de Antoni Clavé, Albert Ràfols Casamada, Josep Guinovart, Josep Maria Subirachs y el mismísimo Antoni Tàpies, el pasado jueves fue presentada la pieza número 1.427, la obra de Gaudí. “A la una, a las dos, a las tres...”. La subasta quedó desierta.

Las razones hay que buscarlas en una reunión celebrada en Madrid días antes. La Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura, en uno de sus encuentros habituales, había decidido que el hierro era inexportable. Una buena noticia para el patrimonio español, pero mala para los responsables de la sala de subastas y los vendedores.

Hubo mucho de casualidad en la decisión que tomó la junta del ministerio. Como en cada ocasión que se realiza una subasta, Balclis mandó su catálogo a los cuerpos de seguridad: policía, Guardia Civil y Mossos d'Esquadra. Este control rutinario tiene el objetivo de evitar la venta de objetos de origen ilícito o robados. Balclis también mandó una copia al Ministerio de Cultura por si quería pujar por alguna de las piezas, ejerciendo el famoso derecho de tanteo que le otorga la ley, por el cual, pagando la cifra alcanzada en subasta, el Estado tiene derecho a adquirir la obra por delante de cualquier otro comprador.

Con el catálogo en la mano, los miembros de la junta decidieron que la única obra inexportable de todas las que se subastaban, entre ellas tallas góticas de Vírgenes, muebles castellanos llenos de filigranas y pinturas y vigas de madera mudéjares del siglo XIV, era la de Antonio Gaudí.

“Tras conocer la noticia, tuvimos que hacer pública la decisión y avisar a las personas de las que habíamos recibido ofertas —todos se echaron atrás— además de anunciarlo en el momento en que salió a subasta”, reconoce Carranco, que lamenta que la propia Sagrada Familia no haya pujado por la pieza para restituirla a su lugar de origen, el pozo, o al museo que la basílica tiene en su interior.

Ahora solo queda por ver qué deciden los dueños sobre la pieza, si se la llevan a casa o la dejan en Balclis para intentar venderla en la siguiente subasta.

La tapa del pozo de agua que Antonio Gaudí construyó junto a la Sagrada Familia es la última obra del arquitecto que sale a la luz, un siglo después de ser realizada. La pieza estuvo ubicada en el recinto exterior de la Sagrada Familia, tal como certificó en 2010 el exdirector de la Cátedra Gaudí Joan Bassegoda, y fue creada en 1911, a los 28 años de haber comenzado las obras en la Sagrada Familia, ante el aumento del número de viviendas que se estaban construyendo alrededor del templo. En la reja se pueden ver las características formas ondulantes y orgánicas que están presentes en toda la obra del arquitecto. En el informe de Bassegoda se asegura que la pieza se salvó gracias al celo de Gerard Alegre, herrero que colaboró durante 15 años con el arquitecto. En la Guerra Civil se la llevó a su casa cuando el templo fue abandonado, evitando así su desaparición. Uno de sus hijos la vendió a los actuales propietarios.