Griñán traslada a su entorno que no dimitirá si pierde las elecciones

El secretario general del PSOE intenta cortar las carreras sucesorias

"Perder las elecciones no significa dimitir", asegura

Griñán y Susana Díaz. / GARCÍA CORDERO

Lo ocurrido en el PSOE andaluz en el último mes está haciendo reflexionar al secretario general de este partido y candidato socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, no solo acerca de la estrategia seguida. También a estar más encima del partido y a ejercer como secretario general del PSOE, una tarea que había dejado por completo en manos de su secretaria de Organización, Susana Díaz.

Una vez recontados los muertos y heridos del campo de batalla toca hacer balance. Ya en el último comité director, en el que se aprobaron las candidaturas al Parlamento autónomo, Griñán dijo en voz alta que se habían cometido errores, que había que reconocerlos, admitirlos y rectificar. No se los imputó a nadie en concreto, pero si repartió las responsabilidades, empezando por él mismo. “Lo digo por mí, por Susana [Díaz], por [José Antonio] Viera, por todos”, comentó a un grupo de periodistas.

El episodio vivido con la elaboración de las listas electorales le han hecho abrir los ojos de que hay muchos que están jugando no a ganar las elecciones del 25 de marzo, sino a gestionar lo que quede del PSOE a partir del día siguiente, tras una derrota que dan por segura.

Si antes del 38º congreso federal y del proceso de confección de las candidaturas, Griñán cometió el pecado de hacer saber que tras las elecciones, tanto si gana como si pierde, podría en seguida en marcha su relevo, ahora va diciendo todo lo contrario. El cambio se produce tras el resultado del congreso en el que Alfredo Pérez Rubalcaba se impuso a Carme Chacón por apenas 22 votos. Griñán y el aparato regional del PSOE, con la secretaría de Organización, Susana Díaz, al frente, optaron por la diputada catalana, aunque públicamente el presidente nunca lo dijo.

El presidente se fija ahora en Rubalcaba: perdió la elecciones y ganó el congreso

Griñán está haciendo saber que “perder las elecciones no significa dimitir” y pone como ejemplo al propio Alfredo Pérez Rubalcaba quien tras liderar la lista en las elecciones generales del 20 de noviembre y perder casi cuatro millones de votos, optó a la secretaría general y ganó. Este argumento no lo podía decir antes porque, precisamente, el que estaba utilizando era el contrario.

Son muchos los que ponen en boca de Griñán de que “pase lo que pase” en las elecciones del 25 de marzo no solo no dejará la secretaría general del PSOE sino que optará a un nuevo mandato. en el congreso ordinario que se celebrará antes del verano. ¿Qué significa esto? Significa que está enviando un mensaje a navegantes de que no le den muerto antes de tiempo, de que está dispuesto a hacer valer su autoridad y a jugar al partido que se disputará después de los comicios autonómicos. No será un partido amistoso si, como todo el mundo da por hecho, el PSOE pasa a la oposición después de 30 años seguidos al frente del Gobierno andaluz.

Dada que la imprevisibilidad es una característica innata de la personalidad de Griñán, el que haga saber que va a seguir no quiere decir que lo vaya a hacer. Pero lo que está claro es que no lo descarta.

Aunque aparentemente en el PSOE están dedicados a las elecciones, los que se han garantizado un puesto más o menos seguro en el Parlamento andaluz al figurar en las listas, los que ya lo tienen en el Congreso y en el Senado, están jugando a lo suyo y pensando en el día después de las elecciones andaluzas.

En este sentido, los entornos personales de cada dirigente están haciendo una labor de zapa, poniendo acentos donde más les interesan. Están los que aseguran que Griñán ha responsabilizado a Susana Díaz de la mala gestión del congreso; y también están los que aseguran que Díaz dice que ha sido el brazo ejecutor de una estrategia diseñada por Griñán. Ambas consideraciones habrían llegado de manera directa o indirecta a la cúpula de la dirección federal cuya única preocupación es que el PSOE no pierda en el único bastión que le queda.

Tras los evidentes errores del último mes y ya sentado en la presidencia federal del PSOE, donde casi todos los lunes hay reunión de la ejecutiva, Griñán está ya escuchando a más gente, hablando con más gente y pidiendo más opiniones a más gente en el PSOE que las que le facilita Susana Díaz, a la que había dado carta blanca para hacer y deshacer. Es decir, está empezando a ejercer como secretario general del PSOE a los dos años de ser elegido para este cargo por unanimidad. Las fuentes consultadas niegan que exista una brecha entre ellos, sino que Griñán está abriendo más canales de comunicación con otras personas que no están en la ejecutiva regional y a las que el estilo Díaz no le gusta. Esta procede de las Juventudes Socialistas, pero, sobre todo, de la escuela sevillana del PSOE, muy eficaz, pero en la que se exige fidelidad total: o conmigo o contra mí.

Aunque a él le molesta mucho que se lo digan, Griñán desconoce por completo cómo funciona su partido, aunque después de lo vivido en las últimas cuatro semanas ha pasado del parvulario a un curso superior.

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