El 'Cego dos Vilares' se sube al escenario

14 músicos jóvenes reinterpretarán temas del último violinista itinerante de Galicia

Santiago de Compostela 14 FEB 2012 - 20:21 CET

Florencio López con su violín.

Fue contemporáneo del casete y de los aparatos domésticos que desde los años setenta registraron su voz en decenas de ferias populares, aunque ya por aquel entonces era un músico de otro tiempo. La viruela, que le quitó la vista de niño, le puso después un violín en las manos, pero Florencio López Fernández (A Fonsagrada, 1914-1986) no tuvo nunca vocación de artista ni tampoco fue consciente de estar haciendo algo más importante que ganarse la vida. Ahora, casi tres décadas después de su muerte, el centro de música popular A Central Folque recupera la figura del Cego dos Vilares, como se le conocía popularmente, gracias a una iniciativa pedagógica, Proxecto Florencio, que ya ha reclutado a 14 músicos de toda Galicia para llevar a concierto parte del repertorio del trovador, el último cantor ciego de Galicia y uno de los más célebres, porque además de por su destreza con el violín, pasaba sin ningún pudor del Vén bailar Carmiña al último éxito de Julio Iglesias.

 El zanfonista Germán Díaz, autor de Músicas populares de la Guerra Civil, es el encargado de la dirección musical de proyecto, que aspira a reunir sobre escenarios de Lugo y A Fonsagrada los instrumentos emblemáticos de los cantores ciegos, desde la zanfona —en retroceso desde el siglo XIX— hasta el violín o el acordeón —diatónico y piano—, pero también la flauta travesera o la guitarra. El grupo, que iba a ser de 10 personas pero que finalmente será de 14, las que acudieron a la convocatoria de la Central Folque, ensaya cada dos semanas en Lugo desde hace dos meses algunos de los temas que hicieron famoso a Florencio dos Vilares, entre ellos O cantar do arrieiro o Alalá do arador, coplas de carácter costumbrista que retratan en tono de humor el trabajo en el campo o las relaciones de pareja. “Trabajamos con las grabaciones de audio y vídeo que se conservan, pero su repertorio es inmenso”, explica Díaz, que aún no tiene fecha exacta para el concierto, que en todo caso se celebrará en verano. Aunque la parte musical será la más simbólica, el proyectyo va más allá de la selección de temas: el equipo de la Central Folque ya está organizando encuentros con músicos e investigadores y visitas a A Fonsagrada en busca de testimonios sobre la vida del músico.

Dos conciertos en Lugo y A Fonsagrada pondrán el colofón al proyecto en verano

Del ir y venir del Cego dos Vilares por los pueblos de Galicia y Asturias quedan más de un ciento de grabaciones caseras realizadas por paisanos que lo admiraban —y que, de alguna manera, comprendieron el valor musical de sus actuaciones—, un vídeo en el que Florencio interpreta una muiñeira —de momento, el único conocido del músico— y los trabajos que desde finales de los años hicieron entrar el patrimonio oral que inconscientemente llevaba por los pueblos a las cajas de seguridad que son los cancioneros. El dúo Mini e Mero (Xosé Luís Rivas y Baldomero Iglesias) lo tuvo muy en cuenta en la nóminca de Cantos, Coplas e Romances de Cego I e II (Editorial Ophiusa) y la musicóloga suíza Dorothé Schubart incorporó sus coplas al Cancionero Popular Galego, editado por la Fundación Barrié de la Maza en 1984. A los músicos de la Central Folque se les ocurrió la idea de homenajear a Florencio al conocer una grabación olvidada del lingüista Antón Santamarina, una de tantas que conservan, sobre todo en la montaña de Lugo. “Era muy querido en la zona, porque era muy carismático”, alaba Mauro Sanín, uno de los músicos de la Central. El músico Pancho Álvarez empezó su carrera como solista con un trabajo en el que reinterpretaba obras del repertorio del violinista. Además está el disco que grabó Florencio en 1981 gracias al empeño de Pablo Quintana, A Recolleita, Volume I, en el que el músico compartía protagonismo con a la panderetera Eva Castiñeira

“Representa una sociedad por fortuna desaparecida, en la que se malvivía”

Con el proyecto aún en curso, tanto Díaz como Sanín destacan el interés por el tipo de música y una forma de vida, siempre itinerante y a menudo marginal, que personificó el Cego dos Vilares. “Representa una sociedad afortunadamente desaparecida, en la que se malvivía. Todo eso de la conciencia o la identidad es algo muy urbano, muy reciente”, expone Sanín. Florencio, músico por necesidad, solo tuvo un privilegio en su vida, “el de tocar en la plaza pública”, remacha.

 

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