FOTOGRAFÍA

Alberto Schommer: "Franco no podría haber impedido que hiciera fotos"

La librería Railowsky dedica una muestra al “cronista visual de la Transición”

Después de que Andy Warhol accediera a dejarse fotografiar envuelto en la bandera americana, de hacer levitar a Tarancón y retratar a Fraga asido a un interrogante sobre el mapa de España, Alberto Schommer afirma que Franco nunca podría haber prohibido su trabajo. Ni siquiera en el caso de que hubiese llegado a saber que aquel incómodo fotógrafo de apellido alemán era español. Nacido en Vitoria, para más señas.

Schommer llega a este convencimiento tras más de 60 años consagrados a la fotografía, que le han valido una retrospectiva que la librería valenciana Railowsky (C/ Grabador Esteve,34 de Valencia) inauguró el pasado jueves (y podrá visitarse hasta mayo) y que dio pie a esta entrevista. Un “pequeña gran muestra”, según la libreria, que recoge una veintena de sus fotografías más conocidas del fotógrafo.

Allí puede verse su famoso retrato realizado en 1983 de Warhol, con quien tuvo que discutir hasta doblegar su ego para que accediera a posar pintando de rojo las barras de la bandera que lo envolvía, escenografía que repetiría con el también artista pop Lichtenstein. "Era muy especial, consideraba que era el único que realmente podía crear ideas y tener posibilidades de hacerlas", recuerda Schommer, orgulloso de haber persuadido a Warhol, no sin antes recibir los reproches del pintor por decirle lo que tenía que hacer.

Fotógrafo de celebridades, viajes y ambientes sociales, Schommer también se granjeó el título de "cronista visual de la Transición" por la colección de instantáneas que realizó a los líderes políticos y sociales del momento en España, entre 1977 y 1988, publicados en colaboración con EL PAÍS. Le precedía la popularidad de sus Retratos psicológicos, una serie de fotografías tomadas a partir de 1972, por encargo del diario ABC, a personalidades políticas, sociales y religiosas del régimen franquista.

Schommer hubo de enredarse en discusiones con cardenales para ponerlos a levitar asidos a un crucifijo (Tarancón), con políticos en cuyas manos puso el destino de una España marcada con un interrogante (Fraga accedió "impactado", Suárez "no quería") y con ministros franquistas vinculados al Opus Dei para que posaran con un bebé en brazos (Gregorio López Bravo). Esta última foto fue la que levantó las suspicacias del dictador, quien, en "petit comité" ordenó a sus ministros a no dejarse retratar por ese fotógrafo que él creía "extranjero", y que en realidad era vitoriano, hijo de padre alemán y madre francesa. "Sabía que estaba metiendo el dedo en la llaga", recuerda el fotógrafo, convencido de que, aunque Franco hubiera sabido que en realidad era español, no hubiese podido impedir su trabajo. "No hubiera tenido más remedio", apostilla.

"Picasso se me murió justo cuando iba a verle", cuenta el fotógrafo

El artista no cree haber alcanzado su techo en aquellos años porque no ve "una cumbre" en su carrera. Y aduce que en su trayectoria profesional, que toma la forma de "cadenas de montañas más o menos altas", ha publicado decenas de libros. La experimentación ha sido otra de las señas del inventor de la "cascorafía", técnica que combina escultura y fotografía con volúmenes en papel, y en los últimos tiempos está investigando con "paisajes negros" y focos de luz "cenital", siempre fiel a las cámaras sencillas y tradicionales.

En un mundo donde la imagen es cada vez más importante, la fotografía ha alcanzado una difusión enorme en Internet y en su uso familiar, pero eso, remarca, "no es arte, no es una creación". Fotógrafo de todo, a Schommer le quedan pocas cosas pendientes, aunque algunas son ya insalvables: "Picasso se me murió justo cuando iba a verle. Era muy mayor, no había tenido ocasión verle antes porque era una persona muy difícil. Y se me murió", lamenta.

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