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DECORACIÓN

Pétalos de realidad

Cuatro decoradores florales desvelan las bases de su planteamiento estético

Saly Lerma, de la floristería Workshop flores. Ampliar foto
Saly Lerma, de la floristería Workshop flores.

En 2002 Sally Lerma Hambleton emprendió el extraño camino que va de la banca a las flores. Dejó su carrera de 10 años en el sector financiero, junto a dos brókeres, para aprender el oficio de la mano de Kenneth Turner, uno de los decoradores florales contemporáneos más prestigiosos del mundo. Del maestro norirlandés, recuerda dos advertencias: “Si piensas dedicarte a esto nunca pienses en tener unas manos bonitas ni un fin de semana libre”.

 La empresa de Lerma Hambleton, The Workshop Flowers, es una de las que ha revolucionado con su oferta las tendencias florales en la capital. El resultado de su trabajo es un abanico de posibilidades que bucea en las variedades de la primera potencia en producción de flores, Holanda, y que se aleja de la sota, caballo y rey en la flor cortada que hasta ahora conformaban la rosa envuelta en celofán, la clásica margarita y el clavel rojo convencional.

Su experiencia en el ámbito financiero le sirvió para fundar una compañía que ofrece decoración integral para eventos y particulares, vende a través de Internet, en su tienda de la calle Gabriel Lobo y desde hace un año en el espacio Federica & Co, un inesperado vergel urbano que sorprende al viandante en el número 26 de la calle Hermosilla.

Pero Sally no fue la única aventurera que cambió el traje de chaqueta por el delantal y el maletín por la tierra y las tijeras de podar. Diego Valencia también cambió su estático puesto en una sucursal bancaria por los pétalos, los tallos y las macetas. Hace siete años abrió Kaloto, un vibrante oasis con aroma a canela y clavo en el que las proteas sudafricanas se mezclan con las esquimias, los amaryllis, la flor de algodón o los cardos. “Las formas me inspiran, la onda de una corteza, el bucle de un pétalo... me marcan la pauta para que no sea una cosa estática”, explica Valencia, que utiliza todo tipo de elementos para sus composiciones: estrellas de mar, conchas, frutas deshidratadas, nácar, cáscaras, madera de coco o coral. “Todo se repite en la naturaleza”, sentencia.

Detalle floral.
Detalle floral.

No solo en primavera

Diego Valencia y Sally Lerma representan una nueva generación de diseñadores florales que destierra la creencia que asocia las flores con la primavera. “Las flores son perennes, hay flores todo el año”, insiste la fundadora de The Workshop Flowers, “el otoño —la estación de la caída de la hoja— es la época del brezo, ahora es la de variedades que resultan muy navideñas como el Solanum que es una especie de tomate cherry silvestre”.

Combatir las ideas preconcebidas sobre la decoración floral es uno de los objetivos declarados de Aitana Zaldúa, de la floristería VincaperVinca (calle León, 11) y de Elisabeth Blumen, el pseudónimo bajo el que se esconde la diseñadora Isabel Marías. “Adentrarse en este mundo te rompe los prejuicios enseguida”, afirma Marías, quien reivindica con convicción la belleza de la flor seca aunque en el imaginario colectivo se corresponda con la visión de un centro apolillado y decadente. Fotos, cuadros, teteras antiguas o latas llenan su taller en la calle Arroyo Opañel: “Me gusta integrar el ramo con jarrones que busco en mercadillos y viajes. Tengo una trapería enfrente del taller y siempre me paso a ver qué encuentro”.

Zaldúa demuestra, con su experiencia, la dificultad de romper con lo establecido. “No tenía una base técnica y para formarme me apunté a un curso que recreaba todos los tópicos —el ramo de novia en forma de gota, el bouquet clásico o las coronas para velas— pero eso no iba conmigo, y me desanimé un poco hasta que un amigo me habló de la Escuela Española de Arte Floral”.

Dónde encontrarlos

Federica & Co, el espacio en el que ofrece sus creaciones Sally Lerma, está en la calle de Hermosilla, 26.

Kaloto, la tienda que regenta Diego Valencia, se encuentra en la calle del General Oraá 59.

La floristería VincaperVinca (calle de León, 11), de Aitana Zaldúa, reivindica el reinado de la rosa de jardín.

En su taller de la calle del Arroyo Opañel, Isabel Marías hace composiciones florales personalizadas con materiales reciclados

A pesar de su voluntad innovadora, la rosa sigue siendo la niña bonita de todo jardín que se precie, una coincidencia con matices si tenemos en cuenta que hay más de 30.000 variedades distintas de esta flor. Isabel Marías afirma sentir debilidad por la rosa inglesa mientras que Aitana Zaldúa reconoce su obsesión por la rosa de jardín porque “no hay dos iguales”.

Acto cotidiano

La creadora que da vida a los trabajos firmados por Elisabeth Blumen, que estudió moda y trabajó para Mathew Williamson y Sybilla, se inspira en los bodegones de la pintura flamenca y se declara una adicta a los manuales, las revistas, los libros y una friki de Internet. “Es genial estar entre flores y yo lo vivo como un trabajo muy artesano nada mecanizado. Los eventos y las bodas son los trabajos con los que más disfruto porque te permiten explotar la creatividad y aunque de abril a octubre sé que no descanso, se establece una relación muy estrecha con el cliente”.

En lo que todos coinciden es en echar en falta en España la cultura floral que existe en otras partes de Europa como Holanda o Reino Unido. “En ciudades como Amsterdam la gente baja a por el pan y las flores”, argumenta Marías y añade: “si este tipo de producto es caro es porque se compra poco. En nuestro país, comprar flores no es un acto dela vida cotidiana, sino que se considera un lujo vinculado a un momento especial, a una celebración o a un regalo".

Las flores, como el resto de expresiones del diseño, no escapan a las modas. Después de décadas sin grandes cambios, la nueva generación de floristas aboga por la tendencia que busca un estilo natural y asilvestrado que se acerque a la realidad y no quede artificial. Una corriente que defiende los aromas y colores auténticos. Si hay que elegir, es preferible un ramo austero a un centro barroco. Una única flor desnuda con un significado potente al recargado de musgo y hojarasca. Una tendencia que reproduce las composiciones que se encuentran en la naturaleza e introduce nuevos materiales como maderas, cortezas, bayas, frutos y hojas secas para vender una parcela de jardín o el olor que emana del bosque.

Se trata de envolver para llevarse a casa un pétalo de realidad, no una flor plastificada con aroma a ambientador.