En libertad el presunto sicario contratado por la abogada para matar a su marido

El juez no aprecia indicio de delito en su actuación y le deja salir de prisión antes de que se conozca la sentencia

Miguel Ángel Salgado Pimentel y María Dolores Martín Pozo, el día de su boda en 1998.

El presunto asesino que acabó con la vida de Miguel Ángel Salgado Pimentel por encargo de su exmujer salió ayer en libertad. El juez puso fin a la prisión provisional y decretó su puesta en libertad inmediata al no apreciar indicio de delito en la actuación del acusado Charles Michael Guarin. Todavía no se ha publicado la sentencia judicial pero el supuesto sicario ha quedado en libertad ante la previsión de una resolución absolutoria para él. Guarin estaba acusado de acribillar a balazos a Salgado Pimentel para cumplir con el encargo de la exmujer de éste. El presunto autor material de los disparos se enfrentaba a 43 años de cárcel en el juicio que se celebró en noviembre ante la Sección 15ª de la Audiencia Provincia.

Junto a Guarin se sentaron como acusados el supuesto intermediario entre la exmujer y el asesino, Eloy Sánchez Barba, y la exmujer de la víctima, la abogada María Dolores Martín Pozo. Para el intermediario, que confesó toda la trama, se pedía una condena de 39 años y para la abogada 41, según el fiscal, y 50, según la acusación particular.

La abogada habló por última vez con su exmarido el 24 de enero de 2007 al final de la vista judicial de su separación. Le dijo: "Te tengo que matar. Te tengo que ver muerto". El hombre había pedido el divorcio y la guardia y custodia de la hija menor de ambos. Siete semanas después, el 14 de marzo, las amenazas se convirtieron en realidad. El hombre murió acribillado a balazos cuando regresaba a su domicilio de Ciempozuelos.

La acusada se había casado con Salgado, informático de profesión y fallecido con 37 años, el 27 de junio de 1998. Dos años y medio después nacía la hija de ambos. La convivencia se fue deteriorando hasta que, en marzo de 2006, él decidió divorciarse de la mujer y pedir la guarda y custodia de la menor. Conforme avanzaba el procedimiento judicial, la letrada comenzó a temer que el juicio concluyera de forma desfavorable para ella. Llegó a mantener que era víctima de un complot judicial y, para acabar con el problema, recurrió a un gran amigo suyo, Eloy Sánchez Barba, quien dirigía la empresa Clip Control y se dedicaba a vigilar locales nocturnos de Madrid. Martín le pidió que se encargara de eliminar a su exmarido y Sánchez Barba, que en un principio se negó a las peticiones de la abogada, según el fiscal, acabó haciéndose cargo de la contratación del asesino.

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